neosimio
tapa238

Porcelanato

Luego de volver de Londres nos sentimos extrañados, la espuma volaba en esquinas hacia la punta de los balcones de la avenida. Nos miramos aguerridos. Crucé para buscarte y tu sombra se me fue de entre los dedos.

Vuela espuma vuela,
te espero
y me disuelvo.

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Verónica Noonan
teleoalreves

2mm

Dentro de mil años
no quedará nada 
de cuanto se ha escrito 
en este siglo.
Leerán frases sueltas,
huellas de mujeres perdidas, 
fragmentos de niños inmóviles,
tus ojos lentos y verdes
simplemente no existirán.
Será como la Antología Griega,
aún más distante,
como una playa en invierno
para otro asombro 
y otra indiferencia.
.

,

-

-Roberto Bolaño-

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Guybrush

Ni redonda ni cuadrada…

(Ni de ninguna otra forma geométrica).

Para los que me siguen desde hace un tiempo, saben que hasta que me lesioné el año pasado practicaba atletismo. Para los que no me siguen desde hace tiempo… hasta que me lesioné el año pasado practicaba atletismo.*

Desde comienzos del 2008 cambié el clásico futbol de fin de semana con los amigos por entrenar arduamente en el mundo de las carreras de calle. Al menos hasta que mi rodilla (muy buena onda ella) dijo “basta”. Ahí me dediqué a arduamente emborracharme todos los fines de semana con amigos.
Pero este fin de semana pasado (o sea, tres años y medio después de mi último partido y más o menos un año después de la última vez que corrí más de tres cuadras), tratando combatir la clásica depresión de domingo, le dije al pibe que organiza los partidos: “Sí, voy…”

Error.

Recuerdo que lo que cruzó por mi mente antes de que la pelota se empezara a mover fue: “Ojalá sea como andar en bicicleta”.

¡Parecía que estaba haciendo otro deporte!
Cuando todos corrían hacia la derecha, yo estaba volviendo de ahí.
Cuando me la pasaban, mi cerebro me avisaba con tres segundos de delay, como los subtítulos de una película defectuosa bajada de Internet.
Parece que luego de estar años acostumbrado a las suaves amortiguaciones de una zapatilla de running, patear una pelota de papi-futbol… duele.
Perdí el aire a los cinco minutos y no lo encontré más.
Me dolían las articulaciones, los músculos, los huesos y los pelos.
Nadie se acordaba mi nombre (todos me gritaban “¡Bien igual, Javi!”). **
Y mi rodilla (la copada) se la pasaba diciéndome, en un código Morse de pinchazos y tirones: “¿Sos estúpido? ¿Qué hacemos acá? ¡No! ¡No metas la pierna ahí!”.

Al menos que volver a andar en bici después de tres años te cause humillación, dolor físico, sensación de estar perdido en tiempo y espacio, ganas de vomitar, falta de aire y deseos irrefrenables de irte corr… rengueando a tu casa… no, no es igual.

“Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha.”
Roberto Fontanarrosa

* Hice el mismo chiste hace un par de semanas, pero si no me seguías, es nuevo para vos. ¡A reír!
** Para algún despistado por ahí, me llamo Gabriel.

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Lucía Miranda
ilustrados

Lucía Miranda en “Ilustrados”

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alej

Bridge

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Marcelo Vertua

Teoría de la decisión

Parece que el sistema funciona así:
todas las mañanas, a primera hora,
se reúnen en el directorio y
entre cafés, quejas, chistes, diarios y medialunas,
se la juegan
y arrojan la perinola.
Están los Clientes, la AFIP,
los Proveedores, los Bancos, Rentas…
pero casi siempre,
no sé por qué,
sale Joder a los empleados.

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Hache Blanco

La misa

Coleccionando noches. Pararse en primera fila haciendo pogo en una misa religiosamente repetida cada fin de semana. Recitando poemas como fórmulas mágicas. Olvidarlo todo en el fondo de un vaso roto y pasar las cuatro estaciones esperando a que llames. Hacer caso omiso de consejos, endureciendo el cráneo contra una pared llena de chichones. Entrega de amigos a domicilio, sin receta y sin turno. Escuchar música en divanes. Letras de canciones escritas en papel de Biblia diciendo la palabra exacta. Así era una jornada laboral completa y hacíamos horas extra. Hoy me pagan cash o en caja de ahorro para saldar lo que debemos en treinta y dos pulgadas planas.

H

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La lectora

La lectora en el ascensor


foto: Miguel Sampedro

Lo bueno de un libro es que se lea.
Umberto Eco (1932), escritor italiano.

Si lectora está llegando a casa y le falta leer media página, aprovecha el ascensor. Sabe que hasta el piso nueve, si no se detiene demasiado en cada palabra, le alcanza para eso más o menos. Y, en todo caso, termina las últimas líneas en el pasillo, antes de abrir la puerta. Así, el ascensor se volvió, en los últimos tiempos, un lugar ideal para concluir un cuento.

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Juan P(erro)
juanperro

Se vende: monstruo para viajes transatlánticos. ft. mimi x 2.

Se vende: monstruo para viajes transatlánticos.
ft. mimi x 2.

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Leandro Vicetto

17º Capítulo

Buenos Aires, Parque Sarmiento 00 hs
Sobre nosotros caía una noche cerrada. El frío calaba los huesos. Habíamos llegado rápidamente al Parque. En la entrada, no había nadie que oficiara de sereno y la barrera estaba baja. Eso no fue impedimento para ingresar. Nos dirigimos hacia las piscinas vacías. Marchábamos lentamente, a no más de veinte kilómetros por hora. Evidentemente el parque estaba abandonado hace ya bastante tiempo. Se rumoreaba que estaba en disputas legales. Daba escalofríos aquel paisaje desolado, pero nadie dijo una sola palabra.

Llegamos a la puerta de un edificio casi en ruinas. Escombros y columnas, armaban una estructura derruida y sombría, como un arácnido metálico. Daniels frenó el auto y lo apagó aunque dejó las luces encendidas iluminando una pared de ladrillos con una abertura que parecía haber sido la puerta de acceso en los tiempos de esplendor de aquel club natatorio.

De repente, pudimos ver cómo las luces de un automóvil se acercaban a lo lejos, lentamente. Nos miramos, Daniels y yo, con cara de póker. La Srta. Granier, que estaba en el asiento trasero de nuestro vehículo, estiraba el cuello para tener una mejor visión de lo que pasaba. Nadie hablaba. Se escuchaba el sonido seco de las copas de los árboles golpeando entre sí por el viento.
Finalmente, esa espera se hizo breve y el auto que se aproximaba se detuvo frente a nosotros encandilándonos con sus faroles. Se abrió la puerta delantera del acompañante y se bajó una persona, dio unos pasos y se colocó justo delante de la luz. Se podía ver por la figura que era un hombre, llevaba sobretodo y sombrero. Y aunque no se veía, seguramente estaba armado. De pronto, en medio de esa noche, se rompió el silencio.

-Con que aquí estamos, al fin nos conocemos. Entreguen a la chica y nadie saldrá herido.- dijo la voz de este hombre que salió de entre las sombras.

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alej
contratapa238

Coincidí

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