tapa242
neosimio

Así henos aquí, compatriotas

Estamos en plena discusión por las proletarias, cantamos canciones de búsqueda y nos regodeamos en la mística metamórfica del estudio.
No comparecemos de nosotros mismos, la quietud nos esquiva, mientras vemos la verdad esconderse entre los rincones imaginamos el mundo y lo expresamos.

Así compatriota, nos encuentra la fecha, el cuarto creciente, la noche de martes.

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Verónica Noonan
ok in the uk

ok in the uk

Es difícil entender lo anterior intento decir
animales salvajes rodando por las paredes de mi casa
Búhos y niños de Dickens Lagartos y hermafroditas pintados por Moreau
Los soles de mis dos habitaciones
El rumor de pasos que puede solidificarse en cualquier momento
como una escultura de yeso sucio
Los ojos borrados del santo que cabalga al encuentro del Dragón.

(Roberto Bolaño)

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Guybrush

La compu y la remera (fábula)

Había una vez una computadora.
Una compu que un día, mientras la dueña hacía skype, empezó a hacer ruido y a temblar sin que le prestaran atención. Durante días emitió su trágica queja sin resultados, así que una noche, cuando la casa dormía, se dijo: “111011010011” (que vendría a ser algo así como: “loco, esto no da para más, yo me voy a otro lado”), se levantó (no me pregunten cómo, cuanto me contaron la historia omitieron ese detalle) y empezó a caminar hacia la puerta.

Al avanzar hacia su escape, vio una sombra avanzando por el pasillo. “Chau”, pensó, “es mi dueña y va a ponerme nuevamente sobre el escritorio”. Pero no, la sombra amenazante… era una remera. Una remera de The Smiths.

“Pero… ¡vos sos la remera que ella no se saca nunca! ¿Qué haces caminando?”, preguntó la compu. (… sorprendida de que un objeto inanimado se pasee por la casa).
“Bueno, aprovecho que ella duerme y estoy escapando”, respondió la remera. “Necesito un baño y creo que si me quedo acá no va a llegar nunca. Con respecto a cómo hago para caminar, fácil: cobré vida. Tengo tantas bacterias que soy un ente vivo”. (Eso no tiene sentido, pero así me lo contaron. Vos seguí leyendo).
“Yo también estoy escapando. Necesito un service y aunque se queja por el ruido, creo que no va a llevarme nunca”.
“Ah, no escuché esos ruidos, no tengo oídos”, dijo la remera. “¿Y cómo es que vos estás viva?”
“No sé si estoy viva, pero soy un procesador muy avanzado. Cuando noté que si me quedaba acá iba a romperme, se activó un sistema de auto-preservación que me hace huir”. (Lo sé… cualquiera).
“Escuché a una taza de Mafalda en la cocina decir que la vida en la calle es bastante complicada, compu. Sería muy útil usar tu proje… prose… mmm… súper cerebro para poder escapar con éxito. Pero seguro no vas a querer juntarte conmigo”, se quejó la remera. “Dicen que tengo muy feo olor”.
“Bueno, no tengo nariz”, respondió la compu tomándola de la mano (¿mano? y dale…), “pero si lo que decís es cierto, con mi inteligencia y tu olor para alejar a nuestros enemigos creo que vamos poder triunfar”.
La remera sonrió (supongo que con la boca de Morrisey o algo… no tienen orejas ni nariz, pero sí boca y ojos, ¿qué onda?), miró a la compu que empezaba a sonrojarse (¿¡cómo!?) y juntos empezaron a caminar hacia la puerta y hacia su nueva vida.

Moraleja:
Lavá tu ropa cuando está sucia y arreglá tu compu cuando empieza a hacer ruido, porque vas a crear una hermosa (e irreal) historia de amor, pero te vas a quedar sin indumentaria ni actualizaciones de facebook…
… y una remera de The Smiths y una PC ruidosa van a aterrorizar gente en las esquinas de tu barrio.

Ilustración por Lucía Miranda

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Lucía Miranda
luciamiranda19

Fin de semana

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Hache Blanco

Televisor por la ventana

Cae pesado como ninguno, rompiendo el viento. Nunca desapercibido vomita cuerpos vedette, masculinos y femeninos. Como en una película de sí mismo. Menú de niños muertos y la sección de internacionales, destacado en páginas amarillas. Todos lo vemos tosco en el aire. Treinta puntos había dado esta noche, con un desfile, a saber: En pasarela de caras de piedra y bigotes, pasos de cómo morder un cacho de torta en el país donde abunda el cacho de bananas. Sigue en caída libre empujándose de sí, la ventana hacia el vacío. Y ya cerca del piso descubre que todo fue ruido blanco. Crash de astillas contra el piso. Vidrio roto y explosión de boca abierta. Cuando el televisor llegó a destino, solo quedó la realidad del día a día.

H

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alej

Travellers

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Marcelo Vertua

No, no sé, no puedo, no me corresponde

Esta mala onda creciente

No es mi problema.

reinante

Corresponde a otro sector.

incrustada en el centro

Acá nadie hace nada.

vital

El único gil que trabaja soy yo

de nuestro ánimo

Ahora no puedo.

¿es acaso el cansancio normal

Si tengo tiempo lo hago, pero no sé.

de un año de trabajo?

Esto está lleno de becados.

¿O es el hastío, la acumulación de años?

¡Todo siempre a mí!

¿Acaso será una táctica?

Este formulario es un desastre.

¿Un mecanismo de defensa?

Si no es mucho lío, apagá el MP3 y llenalo de nuevo.

¿O tan sólo una más

Y prestá un poquitín más de atención, eh.

de nuestras elaboradas

Yo acá vengo porque necesito el sueldo, nada más.

y traspapeladas perversiones?

 

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La lectora

La lectora recuerda un libro


foto: Miguel Sampedro

El tiempo pasa, los libros envejecen rápido, ocupan un montón de espacio, se llenan de tierra y de ácaros, nos arrancan blasfemias cuando no los encontramos en seguida y estornudos cuando queremos quitarles el polvo soplándolos.
Juan Martini (1944), escritor argentino.

Mientras ordena la biblioteca, le viene un libro a la memoria. No el libro, en realidad, sino la sensación que le dejó al leerlo hace años. Y entonces se da cuenta de que guarda de ese (y de cualquier) libro dos versiones: la vivencia del momento en que lo leyó, y el recuerdo de ahora, con muchos fragmentos desdibujados y otros -los que eligió su memoria- más nítidos.

La lectora lo busca en los estantes con la intención de hojearlo, tal vez releerlo y, así, construir una tercera versión.

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Juan P(erro)
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al principio

al principio

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G + N

Rap de los amigos

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Leandro Vicetto

21° Capítulo

Buenos Aires, Jefatura de la Ciudad 8.00 hs
Ni bien entro, me recibe un oficial que me guía hacia una oficina, según creí escuchar que decía entre balbuceos.

-¡Venga por aquí Rostro!- grita una voz detrás de la persiana americana de la oficina a la cual nos dirigíamos.

Era Morris, lo conocía bien, trabajó en algunos casos con Daniels. Entre ellos dos había una competencia implícita permanente. Imagino que esta era la oportunidad para que este desgraciado se regodeara, si lograba rescatar a Daniels y Anny, claro.

-¿Han descubierto algo?- Pregunté para ir al grano.
-Ayer, cuando fueron al Parque, los seguimos de lejos.- dijo Morris.

Mientras iban saliendo esas palabras de su boca, crecía dentro de mí, de manera progresiva y violenta, una ira que me consumía.

-Con unos prismáticos pudimos…-

Salté a su cuello.

-¡Hijos de puta! Por qué no fueron a buscarme- escupí en la cara de Morris mientras un par de manos me frenaban desde atrás.
-Espera Rostro, fue por precaución, no queríamos arruinar la investigación. De todas maneras, ya pasó, usted está aquí y tenemos mucho trabajo por delante. Pudimos conseguir el número de chapa del vehículo de los secuestradores. Pertenece al apoderado de Krotter.- dijo soberbio.- ya habrá escuchado este nombre varias veces- agregó.
-¿Qué hay que hacer entonces? Cuestioné, aún con las manos encima.
-Tenemos que esperar aquí, hay que recibir el llamado para arreglar otro encuentro- dijo el oficial que me sujetaba, casi mojándome la oreja.
-Hay que escuchar la nueva propuesta- agregó Morris con gesto severo.

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alej
contratapa242

Enroque

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