neosimio
tapa249

Dados vuelta de alegría

Entre pelotas de colores, blandas, amalgamadas a nuestros cuerpos, la alegría nos alborota. Estamos otra vez en un momento histórico, el mundo entero habla de esto, la felicidad colma las calles de la ciudad por un evento de tal magnitud.

Nos honra poder vivir esta parte de la historia, de sentirnos parte de la construcción, parte del equipo que la pelea día tras día, semana tras semana y saber que somos todos.

Gracias por compartirlo con nosotros, gracias por compartir esta alegría semanal que está cercana a un número que va a hacer historia.

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neosimio
fiesta_martes_250

¡Fiesta Martesiana!

Electricos Asesinos + Rojo a la Noche + Dani Berman + Proyecciones + Dibujos + Fiesta Martesiana … todo Free! el 5 de noviembre en La Cigale

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Verónica Noonan
aprender

tiempo para nuevo amar

Tus miembros van desplegando a tu alrededor unas sábanas verdes
Y el mundo exterior
Hecho de puntos
No funciona ya las praderas han desteñido los días

los campanarios se reúnen
Y el Puzzle social
Entregó su última combinación
Todavía esta mañana esas sábanas fueron apartadas hicieron vela contigo de un lecho prismático
En el castillo revuelto del sauce de ojos de lama
Para el cual con la cabeza abajo
Partí en otro tiempo
Sábanas almendra de mi vida
Cuando te vas el cobre de Venus
Inerva la hoja resbaladiza y sin bordes
Tu gran ala líquida
Se agita entre el canto de las vidrieras

Andre Breton

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Lucía Miranda
luciamiranda25

Comido y vomitado

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Marcelo Vertua

Lotería genética

Ahí viene la hija del dueño.

Bronceada, sonriendo

repartiendo Toblerone

comprado en el free shop.

Pasa por los escritorios diciendo: ¿Todo bien?

Su contrato es por estación:

tres meses hace que trabaja

y tres meses se va al campo, a la nieve o la playa.

Jamás se olvida de los chocolates

y de tratarnos como desagradecidos

inútiles

y gordos vagos.

 

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Hache Blanco

Cuando las nubes bajan

Solo se oye el sonido del viento. El aire espeso se acomoda. Bajan las nubes hasta el suelo dejando huellas. Estoy recostado o tirado, da lo mismo. Como un voyeur sigo el recorrido de un pájaro prevenido. La tarde toca la puerta despacio. Aun no cae la lluvia pero se huele. La pelusa de los árboles pesa en el techo, justo arriba mío. Miro el teléfono, inamoviblemente mudo. Escucho mis respiraciones a tiempo.

Mientras todo esto va pasando, el gato chino mueve el brazo. Como un reloj. Con ritmo lento. Pausado

Y yo me pregunto, hasta cuándo.

H

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alej

Shapes

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Sergi

Sparklehorse – It´s a Wondeful Life

La atracción por los artistas torturados y los músicos malditos ha sido una constante en mi vida. Últimamente estuve redescubriendo a Sparklehorse, una banda de la que supe quemar un par de discos en su tiempo. Resulta que su líder, Mark Linkous, se pegó un escopetazo el año pasado y claro, el morbo todo lo puede, aquí me tienen volviendo sobre su brillante melancolía. Al tipo le pasó de todo. Tuvo depresión y de gira con Radiohead se zampó un mix letal de alcohol, antidepresivos y Valium, con tanta mala leche que se desmayó sobre sus piernas por más de catorce horas. Lo tuvieron que operar y las salvó de milagro aunque no zafó de una estadía de seis meses en silla de ruedas. Nunca volvió a ser el mismo y aguantó todo lo que pudo hasta hacer mutis por el foro al mejor estilo Cobain. Así que estuve gastando otra vez sus hermosos discos de los cuales It´s a Wonderful Life – ¡que ironía! – es su obra maestra: melodías crepusculares, texturas electrónicas y los coros de PJ Harvey. Un disco de una belleza triste. Úsenlo con precaución.

DESCARGALO ACÁ

Lista de Temas:

1. It´s a Wonderful Life
2. Gold Day
3. Piano Fire
4. Sea Of Teeth
5. Apple Bed
6. King Of Snails
7. Eyepennies
8. Dog Door
9. More Yellow Birds
10. Little Fat Baby
11. Comfort Me
12. Babies On The Sun

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Juan P(erro)
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La Real Armada B.D.E.

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La lectora

La lectora anciana


ilustración: Marta Toledo

(Relato publicado en el suplemento cultural del diario perfil el domingo 16 de octubre)

Era otoño. Recostada en la reposera del jardín, la anciana pasaba la tarde sumergida en un libro. Mientras sus ojos deambulaban sin prisa por las letras, la consciencia encontró una bifurcación por la que se alejó de las líneas, se sumergió en su cuerpo y enseguida encontró el motivo que la dispersaba: el corazón. No el corazón en sí, sino un pequeño desplazamiento que parecía haber realizado. Ella hubiera jurado que ahora se encontraba un centímetro más hacia abajo, aunque sospechaba que los órganos no podían moverse así nomás. Por otro lado, latía normalmente y aunque no parecía haber motivos para preocuparse, permaneció atenta, escuchándolo.

Inmóvil, con el libro en las manos, era casi una estatua. Seguía pasando la mirada sobre las filas de letras, andando sobre ellas como si fueran las baldosas sueltas de una vereda que de vez en cuando salpican. El corazón ya estaba cerca del abdomen. Lo sintió latir y pensó en los tambores cuando anuncian algo importante. Si era verdad que estaba paseándose por ahí, entonces ya era hora de que comenzara a retornar a su sitio habitual. ¿O continuaría descendiendo por el tobogán del cuerpo? Ambas opciones le parecieron posibles. Se quedó esperando a ver qué pasaría. Mientras tanto, como para distraerse, releyó un fragmento del que no le había quedado ni una frase. Aquella tarde su mente era un colador de palabras; por más que leyera y releyera, no sobrevivían. Insistió.

Una hoja amarillenta planeó desde un árbol y le cayó justo sobre la panza, como marcando un objetivo. La hoja subía y bajaba ante cada latido. El corazón parecía querer mostrarle una prueba concreta en el balanceo de la hoja seca. Y ya no le asombró cuando alcanzó la pelvis. Entonces se dijo a sí misma “Hasta aquí está bien. Ahora va a volver a su lugar, apenas salió a dar una vuelta para despistarme, para recordarme que aún estoy viva”. Y sus palabras, por un momento, la auto convencieron.

Por eso cuando el corazón comenzó una caída libre por las piernas, dividiendo su fuerza en dos mitades, un gesto de temor se le incrustó en la cara. El corazón fluía por sus muslos como por una cascada sin piedras. Bajaba por las rodillas, se enroscaba apenas un segundo en los ligamentos, le quemaba las pantorrillas hasta detenerse en los pies, frente al precipicio. Y como si dos puertas virtuales se encontraran entreabiertas en las plantas de los pies, se asomó para lanzarse al jardín, hacia otras plantas. Buscó entre el césped, aspiró el olor a tierra. La mujer escuchó el roce de sus venas que tanteaban el pasto. Los latidos se internaron en la tierra húmeda, y ella decidió, para cambiar de tema y olvidar este asunto que ya estaba incomodándola, ponerse de pie. Con movimientos más vegetales que lo habitual, se incorporó hasta encajar los pies en el suelo. Se amalgamaron como dos piezas antiguas de un engranaje. Sus brazos se elevaron al unísono, impulsados por un chorro de savia que brotaba desde el suelo a través de su cuerpo. Y en la punta del brazo izquierdo, allí donde hasta poco antes había habido una mano que sostenía un libro, los latidos reiniciaron con más fuerza que antes. Ella no pudo verlo pero lo supo: una flor de ceibo, nacida de su sangre, aparecía en lo alto de las ramas.

Hacia la nochecita, una hormiga negra caminaba por su piel, pero la corteza de las piernas la protegió. De ahora en más, cualquier cosquilla proveniente del reino animal le pasaría por completo inadvertida.

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G + N

Estrellismo

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Leandro Vicetto
dr_rostro_carta

27º Capítulo

Barcelona, Un hotel en Las Ramblas hora incierta
Mientras subo al ascensor y el botones intenta sacarme charla, pienso en todo lo que pasó. Daniels, Anny, todo se mezcla de manera aleatoria delante de mi vista. Cómo prestarle atención al chico con este nudo en la garganta. El hace su trabajo y yo, tal vez, comienzo a elaborar mi duelo.
Esbozo una leve sonrisa cuando llegamos al piso indicado. Séptimo piso a la derecha. Caminamos por el corredor. Con su mano extendida, me indica cuál es la habitación, entonces me detengo. Me deja pasar y luego se dirige hacia la ventana, corre las cortinas dejando entrar la luz del sol. Hace mucho calor. Le echo un vistazo como para cumplir, giro y le doy de propina, la moneda de veinticinco que siempre llevo en la billetera, la tengo desde mi último viaje hace tres años, cuando todo era diferente. Es mi moneda de la suerte, que al fin de cuentas, no había servido de mucho.
El botones hace un gesto de afirmación con la cabeza y se retira.
Ni bien cierra la puerta, me dirijo hacia la cama y me zambullo. Con la cara metida entre las sabanas empiezo a sentir una angustia que me comprime el pecho y empiezan a brotar las lágrimas. -Anda todo mal, todo, todo mal.- Me repito en silencio, pensando.
En ese momento, escucho detrás de mí un golpe suave en la puerta. Miro de reojo. Alguien ha pasado un sobre por debajo. Me levanto lentamente, como si fuera tres veces más pesado. Me acerco a la puerta de la habitación y me agacho. Recojo el sobre. Lo abro.

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Lunatika

Desvarío

Mecanismos circunstanciales,
para recolocar la distancia
a su debido lugar,
pues desterrar la cercanía,
nunca implicó
el contacto indirecto
que sigue preservando
sus raíces más nativas.

Hiatos de perseverancia,
para modular la frecuencia
de la nostalgia,
irreversible en sí.

Signos de sucesión,
para no desmembrar
el idilio ensoñado;
ya que siendo neuróticos atributos
nos les queda más que eso,
métodos y lineas
para desbordarse
en una parada de bus
a medianoche.

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alej
contratapa249

Despierta

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