neosimio
tapa255

Gualicho tecnopop

Estimados congéneres y / o lectores de los martes miento. Hoy hemos venido más preparados que nunca, con la espada bajo el brazo y el escudo de enmendaciones afilado para afrontar el ocaso de un nuevo ciclo.

Sabemos que los cambios ya están llegando, que nos enfrentamos a una insólita transformación arrasadora que significa: entregarse o reventar. Para ello nos preparamos. Hoy martes 13 nos convoca nuevamente este número. Nuestros colaboradores podrán explicarlo exhaustivamente.

Ahora, luego de varios casamientos puedo rendirme a escribirles y contarles lo mucho que hay para decir.
No se lo pierdan. Lo avisamos. Acá nos encuentran.
¡Salud!

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Verónica Noonan
teleoalreves

La bola

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Guybrush

Pequeños malabaristas de la desgracia


Ilustración por JuanPerro

Martes 13. Día de mala suerte.

Día donde mucha gente te sugerirá que no te cases (sobre todo ese ex que aun se obsesiona con vos y que probablemente veas espiándote por la ventana una noche de lluvia, en plena luna de miel, mientras te besas con tu nuevo esposo) ni te embarques (sobre todo, los empleados de Aerolíneas).

No creo en brujas, no creo en fantasmas, no creo que me den vacaciones en el laburo este año y, para ser sincero, no creía en la “mala suerte”; pero en el caso de… “ellos”, no pasa por creer.

De hecho, esperan que no creas. Hace que su trabajo sea más fácil. Te vuelve descuidado, para que, cuando menos te lo esperes, puedan desplegar su poderío, su capacidad para hacer daño, sus artes oscuras… o sea, hacerte pisar caca de perro.

Son los “Pequeños malabaristas de la desgracia” o, como las chicas los llaman: “Mierda, se me rompió el taco justo antes de entrar a la fiesta”.

La próxima vez que pase un auto cerca de la vereda y te llene de agua, se te caiga una tostada del lado de la mermelada o estés a un número de ganar el sorteo de fin de año en la oficina… mirá rápido hacia todos lados y probablemente los veas, cubriéndose la boca para no reír en voz alta.
Y no intentes alertar a la gente, porque pasar el resto de tu existencia en un manicomio con estos personajes (y el ex novio obsesionado) señalándote y riendo por entre los barrotes de la ventana, no es una buena forma de pasar el tiempo.

Miralo por el lado amable: no son completamente malvados y no van a causarte problemas graves… pero quieren divertirse. Y si un pájaro tiene que hacer sus necesidades sobre tu traje, el día de la entrevista de tu vida, para que ellos puedan reírse, pues van a hacer lo que esté a su alcance para que eso pase.

(Probablemente darles compota de ciruela a todas las palomas de la plaza cerca de la oficina).

“Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte.”
Graham Greene

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Lucía Miranda
luciamiranda29

Martes 13

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Hache Blanco

Fantasmas que existen

Su retrato está aún colgado, detenido en el tiempo. Él está muerto; sin embargo no descansa en su mente distraída que mira de reojo. Recién nos conocemos. Las caricias se hacen ásperas debajo de aquellos ojos que desde la pared avizoran.

- Es mentira que los fantasmas no existen- pienso.

Imposible, como celar a un difunto. Traerlo en oraciones para batirlo a duelo no es algo que de resultado. Hay que aceptarlo, sin más consuelo y a la vez pensar que estaré un poco mas enfermo, por querer enterrar a un muerto, por querer reemplazarlo y en contradicciones, mientras ella sonríe y confunde mi nombre, tomarlo como un cumplido.

¿Quién está muerto? ¿Quién está vivo?

H

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La lectora

La lectora con protector solar


Foto: Miguel Sampedro

Una literatura difiere de otra ulterior o anterior,
menos por el texto que por la manera de ser leída.
Jorge Luis Borges

Cuando la lectora lee, las palabras no resultan sólo un conjunto de letras o sílabas: son detonadores de ideas y de recuerdos, reales o imaginados. El libro se transforma en la suma de lo que el autor escribió y lo que a ella le despierta. Pero entonces, se pregunta: ¿a quién pertenece ese libro, al autor o al lector? ¿Le gustaría a este autor que se lean sus libros desde el agua, por ejemplo, o se pondría nervioso por si le salpican las páginas?

La lectora considera que el libro es, desde el momento en que lo lee, de ella. Lo lleva a la pileta consigo aunque al final del día quede un poco pegoteado con protector solar y gotitas de agua

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Marcelo Vertua

Cada quien con sus demonios (Kata ton daimona eaytoy)

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The Crystal Ship

Tengo la cabeza llena de fechas que no me sirven en lo más mínimo, y no puedo echarle la culpa a Sarmiento ni a Felipe Pigna. Por ejemplo, sé perfectamente qué día fui al recital de Duran Duran, un grupo que nunca me gustó mucho (fui gratis).  Fue el 30-04-93 en Vélez (se me cayó una sota), me acuerdo que en un momento encendieron todas las luces del estadio para filmar parte de un videoclip, y me acuerdo que después hicieron un cover de Los Doors.

Lo cierto es que una fecha pelotuda me lleva a otra fecha pelotuda y así ando, con tortícolis de tanto mirar pelotudamente hacia atrás. Todos los años, cuando se acerca el aniversario,  rememoro una lejana noche en Sunset en que subestimé un dolor de panza y terminé haciéndome encima. Me la paso recordando (y saludando mentalmente) el cumpleaños de gente con la que perdí contacto hace siglos y, lo que es peor, el cumpleaños de familiares de esa gente. Por eso, que me acuerde que el jueves pasado Jim Morrison hubiera cumplido 68 años, no es nada raro

Los días son claros y llenos de dolor,

envuélveme en tu suave lluvia,

el tiempo que viviste fue demasiado loco,

volveremos a encontrarnos,

volveremos a encontrarnos.

Hace muchos muchos años (ADD, antes de Duran Duran) vi un video de los Doors en el Ed Sullivan Show y flasheé, así nomás. En tiempo récord conseguí todos los discos, los hice sonar hasta tatuármelos en la memoria y no paré. A partir de ahí, me dediqué a analizar cada una de las letras y los poemas que Morrison escribió. Vi todas las películas que hizo, estudié cuanta biografía andaba dando vueltas, repasé una y otra vez los documentales acerca de su vida y me arruiné la mía, convencido de que tenía que vivir en pedo y morirme a los 27.

Sobreviví, es decir cumplí 28, y de a poco logré ir corriéndome de las sombras que proyectaba el Rey Lagarto sobre mí. Seguí adelante, y de a poco volví definitivamente a ser yo mismo. En el 2004, por acto reflejo, saqué entrada para ir a Vélez (no iba desde el 93, se me siguen cayendo las sotas). No estaba muy seguro de lo que podría encontrar, pero llegando al estadio me di cuenta. Aunque sólo se tratara de Los Doos, imaginaba que al escuchar esas canciones en vivo podría terminar de matar el fantasma. Cerrar el círculo como quien dice.

No sé si fue el eclipse total de luna de esa noche o el olor a porro que se me quedó impregnado, pero al finalizar el recital las preguntas habían crecido lo suficiente como para romper el candado de donde las escondía: ¿Por qué el chabón necesitaba tanto morirse? ¿Qué lo llevó a ahogar su talento en un mar de whisky? ¿En qué parte de su cabeza se criaban asnos? ¿Cómo hacía para escribir canciones alucinantes y, al mismo tiempo, convertir su vida en un mamarracho? ¿Fue su infancia, el padre militar, algún abuso, las constantes mudanzas de su familia? ¿Fue falta de amor o de jugadores?

Oh, dime dónde se esconde tu libertad,

las calles son campos que nunca mueren,

libérame de las razones por las que preferirías llorar,

yo prefiero volar.

Este año cumplí el viejo sueño de viajar a París. Caminé por el barrio que él caminó cuarenta años antes, me saqué fotos en la puerta del edificio donde vivió y murió, y en el Père Lachaise, frente a su tumba, de la nada me puse a temblar como una viuda, recordando el significado de esas palabras en antiguo griego que su familia eligió como epitafio: Kata ton daimona eaytoy. Jim Morrison dejó un racimo de exquisitas canciones y despegó rápido para que yo me quedara mirando el cielo. Lo que él más deseaba era tirar la toalla y saltar del ring, incluso antes de la campana inicial. Eso es todo lo que sé y voy a saber de él. Ninguna fecha, disco, poema, periodista o psicólogo pueden explicarme ninguna vida.

Ni los demonios que la habitan.

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G + N

Caso cerrado

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neosimio

34º Capítulo

Buenos Aires,
Estudio del Dr. Rostro 3.00 hs a.m.

Son las tres de la mañana y aún sigo en el cuarto oscuro, alumbrado solo por aquella luz roja, puedo sentir el cansancio en los ojos. Ya era la última. Allí están colgadas, las alas de mi libertad. Con esas fotografías, Morris podría armar el caso para atrapar a Volkov.

Por la mañana, en la Jefatura de la estación de policía

-Aquí tiene Morris, lo que me pidió.- dije con cierta languidez en la voz.

-Muy bien, con esto será suficiente- respondió él, observando bien las imágenes. – Solo tenemos que interceptar al hombre que acompaña al Ruso, su nombre es Iván Pávlov, es su mano derecha. Vamos a armar una escena donde Pávlov, supuestamente seducido por la idea de obtener el poder de Volkov, lo cite directo a una emboscada y allí haremos lo necesario para sacarlos del medio a ambos. Todo parecerá una lucha de poderes de la mafia.- agregó soberbio.-Un agente encubierto está negociando con Pávlov para atraerlo a él y al Ruso. Tenemos grabaciones y más material.

-Muy bien, así podrá volver Krotter y hacer negocios sucios con usted, no es cierto.- lancé sarcástico.

-No se haga el vivo Rostro, todo está sucio, usted también está participando de esto. – dijo molesto el inspector mirándome fijo a los ojos.

Ahí quedó todo. Aún no podía hacer nada fuera de lugar.

-Mejor me retiro Morris- dije masticando entre dientes.

-¡Sí!, vaya. El martes próximo montaremos la escena del crimen, en la Fábrica de la calle Querandíes. Ya le avisaremos.- concluyó desafiante.

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alej
contratapa255

Penumbras

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