Leandro Vicetto

35º Capítulo

Buenos Aires, Fabrica de la calle Querandíes al 4200 23hs.

Llegué puntal. La noche cerrada caía sobre mí, en cuerpo y alma. Di unos golpes a la puerta y al rato alguien se acercó y la entreabrió dejando pasar un haz de luz que no me dejaba ver su rostro. Preguntó qué quería. Le expliqué que venía de parte de Morris, tal como él mismo me había dicho que dijera.

-¡Ah, usted debe ser el agente Rostro!- dijo echándome una mirada de arriba abajo.

-Sí, el mismo- afirmé sin hacer ninguna acotación sobre lo del término “agente”

Ni bien me hizo pasar, me palpó de armas y habiendo terminado, señalando, me indicó la escalera.

-El tercer piso, lo están esperando- dijo

Hice un leve gesto con la cabeza y me dirigí hacia allí. Cuando llegué a la tercera planta, un poco agitado, pude ver a Morris allí parado junto a los de la otra noche. El Ruso Volkov y Pavlov. Morris se me acercó y me los presentó sonriente. Nos saludamos con un apretón de manos.

-¿Has traído el sobre?- preguntó Morris, quien me lo había entregado unas horas antes en la comisaría.

-Sí, aquí está – le respondí alcanzándoselo.

Ya se me empezaban a notar los nervios en el temblor de la mano. Tenía mis razones, Morris me quería ver muerto desde que se enteró que yo era el yerno de Krotter. Estos rusos también por ser un espía. Era muy posible que no pudiera salir con vida de allí. Tenía que pensar en algo para cumplir con mi trabajo y escapar.

Volkov tomó el sobre y sacó las fotografías que les había tomado. Mezcladas estaban otras de los cadáveres que habían surgido durante la investigación del caso “TUC”. Además había un cassette. Obviamente teníamos copia de todo y ellos lo sabían.

Los rusos cruzaron miradas en silencio y luego Volkov, volviéndose a nosotros, preguntó de cuánto dinero estábamos hablando. Morris le acercó un papel. El Ruso lo desplegó, lo leyó, levantó la vista hacia el inspector y llevó la mano al bolsillo. Sentí un escalofrío por todo el cuerpo. Sacó un encendedor, era un Dupont. Lo encendió y prendió fuego el papel que le había dado Morris, lo tiró al suelo y se dieron media vuelta dirigiéndose hacia la escalera de salida.

-¡Hecho!- dijo Volkov sin voltearse.

En ese momento, Morris me echó una mirada maliciosa.

El ruido de un disparo retumbó en todo aquel galpón de manera estrepitosa. Me hizo saltar de mi sitio. Asustado me tiré al suelo y rodé hacia una columna para ocultarme. Espiando a través de los fierros, pude ver que Pavlov había caído muerto en su sitio. Volkov al parecer se había escabullido detrás de una maquinaria. A Morris no lo veía. No entendía que estaba pasando. Me habían palpado de armas, imagino que a todos. Se escuchaban de fondo las maldiciones del Ruso. Me asomé y una bala que chocó contra la columna en la que yo estaba, me hizo retroceder rápidamente. Volkov estaba armado y disparaba hacia el techo. Había alguien arriba que le respondía a los tiros. Me asomé y vi el brazo de Volkov extendido hacia arriba. En medio de aquel estruendo, una bala impactó en su mano e hizo que cayera su pistola. Quedó a dos pasos de la escalera. El Ruso saltó de su sitio para agarrar su arma y huir pero ni bien quedó expuesto, una bala lo alcanzó. Cayó muerto. En medio de esa locura, salí corriendo por detrás de unas columnas, salté sobre el cadáver del Ruso, recogí el arma y llegué a la escalera. Bajé corriendo y en la segunda planta, me topé con el de seguridad; en un acto impulsivo apunté hacia adelante y apreté el gatillo. El tipo cayó antes que se apagara el eco del disparo. Le había dado en la frente. Seguí bajando a los saltos y corrí hacia la puerta de entrada, pero estando a solo diez metros, la puerta se abrió. Era Krotter. Le apunté y él a mí.

-¡Tranquilo Doctor! ¿Qué está pasando? Suelte el arma.- Dijo con tono sereno

-¡Los han matado, había alguien más!

En eso Morris baja corriendo la escalera. Krotter y yo le apuntamos.

-¡Esperen, soy yo, no disparen! – gritó levantando las manos.

Ni bien Krotter bajó el arma, se escuchó un estallido y detrás de mí un ruido sordo me hizo girar. Krotter estaba en el suelo con un orificio de bala entre ceja y ceja, brotaba la sangre tiñendo su rostro. Cuando me volteé vi a Morris corriendo hacia mí y le disparé, se desplomó, luego empecé a detonar el cargador en todas direcciones, hasta agotarlo.

En el fondo cayó un cuerpo rodando por los peldaños de la escalera.

Ya todo en silencio, en cámara lenta, di unos pasos temblorosos hacia los cuerpos. Debajo del cuerpo de Morris se había formado un charco de sangre, le había dado en el pecho. Tenía los ojos abiertos con midriasis. Seguí mis pasos, acercándome al cuerpo inerte tendido a los pies de la escalera. Estaba boca abajo con un traje marrón oscuro. Me incliné acercando mi mano, lo tomé del hombro y lo volteé. Cuando vi quién era, caí de rodillas al suelo. Descompuesto. Aquel cuerpo era Daniels.

Leandro Vicetto

Acerca de Leandro Vicetto

Un tipo oscuro. Flamante incorporación de martes, nos deleita con sus relatos en forma de policial negro.

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