Tyler Durden

Jam session

El Colo pone música, Fisu busca desesperado el faso que dice que le quedó del otro día y yo, picador en mano, cargo las provisiones para dentro de un rato. Hoy es una de esas noches de verano, aunque todavía no sea el turno de las vacaciones, que te invitan a tomar una birra en el balcón mientras pensás qué buena que es tu vida. Ojalá hoy esté tan bueno como anoche.

Entramos al bar con ganas de ver una jam session de blues por ahí cerca del Barrio Gótico, en Barcelona. La velada empezó con una banda que tocaba bastante bien, pero no dejaba de ser una banda y nosotros queríamos ver improvisaciones. Aprovechando que todavía la cosa no arrancaba, salimos un toque a fumar. Me preocupa lo bueno que es el faso.

A la vuelta ya la cosa se ponía interesante. Los músicos subían de a pares al escenario, cambiando la mitad de la banda a la vez y se unían en una zapada sinfonía para descoserla así mal. En un momento se encontraban en el mismo escenario Tyson reventando los parches de la bata, Ben Stiller sacándole chispas a la viola con un violento punteo que te daban ganas de colgarte del paraavalanchas y Fidel Castro cantándole a la revolución que se estaba dando en ese antro suburbano.

Más adelante subió un gallego por el que nadie daba dos mangos, hasta que abrió la boca y salió de ahí dentro el hijo de puta de Barry White. No saben la voz que tenía el tipo… se caía de la cara de bobo pobre, pero abrió la boca y nos calló a todos. Mejor no les cuento de cuando agarró la armónica, porque si me pongo a describir el solo que se mandó seguro le pego un lechazo al monitor y no tengo ganas de ponerme a limpiar. Y yo que pensaba que tenía onda… cuánta Cindor me falta!

Al bar llegamos diez y media, a las doce teníamos una fiesta de despedida.

A las tres cerró el sótano y nos fuimos a casa, pegando una combinación épica de dos bondis sin esperar treinta segundos ninguno de los dos en lo que pareció casi un remís hasta nuestro bunker. Una vez en casa nos bajoneamos tres sanguchitos –que tenían mucho más de “otes” que de “itos” -de pan de leche con lomo, queso, tomate, huevo y un montonazo de hambre untado en las dos caras de la baguette. No pudo haber terminado mejor.

Y ahora nada, supongo que ya estará la comida. Lo único cierto es que nos quedamos todos re manija con ganas de más. Si tengo suerte y todo sale como espero, hoy terminaremos en la playa tocando la viola. De laburar todos los sábados por la mañana a pasar a vivir a veinte minutos de la playa, hay un par de buenas decisiones en el medio. Esto sí que es vida.

Tyler Durden

Acerca de Tyler Durden

La nueva incorporación de martes. El pibe que la rompe eb Barcelona. Todavía no hemos visto su rostro, pero vamos conociendo sus mañas

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