¡Hola, amigos!
Los saludo desde la tierra del buen café. Donde todos te llaman por tu nombre, son amistosos, serviciales y predomina el verde.
No, no Starbucks… ¡Colombia!
Luego de abrir la nota (y el año) con ese chistazo (imaginen todos los que tengo para ustedes), paso a contarles que dejé Buenos Aires en febrero y, luego de 7200 kilómetros y 15 ciudades, llegué a la casa de un amigo en Bogotá, así que, como imaginarán, no estuve escribiendo mucho ultimamente. Me la paso haciendo tours, recorriendo museos, visitando catedrales y… jajaja… perdón, no puedo ni terminar la frase…
En realidad solo estoy panza arriba tomando y comiendo con amigos, pero igualmente eso me deja muy poca (coherencia) liberad para escribir.
Por eso es que no tengo nada para ustedes hoy.
Antes de insultarme y borrarme de su lista de personas favoritas, sepan que si bien viajar me sacó tiempo, agregó toneladas de anécdotas a la lista de ‘cosas que solo le pasarían a Guybrush’, por lo que, a partir de la semana que viene, voy a contarles un poco de mi viaje, con historias como las que a ustedes le gustan (o sea, de mí sufriendo… cínicos, HdP’s).
Por lo pronto, el espíritu de ‘La Lectora’ me invadió y me hace sacar un libro donde sea para leer un poco. Porque me encanta leer… y porque Internet en alguno de estos países apesta y no puedo chequear Facebook. Así que nos vemos un poco más abajo en la revista…
… y la semana que viene.


¡Qué alegría levantarme esta mañana y reencontrarme con sus escritos!
Y aún más de saber que sus próximas anécdotas serán sobre las tierras Colombianas.
¡Ahh Colombia! Un mundo lejano y de temperaturas desconocidas para una vikinga como yo. Tierras de una amplia variedad de frutas y verduras, mares provistos de diversas especies de peces, y néctares deliciosos destilados de la caña de azúcar. Maravillas incomparables con nuestra dieta basada en bacalao, ballena, ortiga y cerveza.
Sepa que va a contar conmigo como lectora fiel y compañera, irreal, de sus vicisitudes.
Un beso enorme
No sé si el virus es la lectora, que contagia sus costumbres, o vos, Guybrush, que te colaste en silencio en la columna de la lectora… pero algo es cierto: me huele a virus. Jajaja.