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Acerca de Guybrush

Un pibe como cualquiera. Trabaja en un lugar que no sabe si es el suyo, tiene dudas existenciales, algunos amigos y busca a la chica de sus sueños. Un poco torpe, buena gente y siempre con alguna idiotez chistosa para decir. guybrush@losmartesmiento.com
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Dudas culinarias

Desde hace años (en realidad desde el otro día, mientras comía una sandia sobre la pileta de la cocina para no ensuciar un plato) que me pregunto cómo es que los hombres empezaron a probar ciertas comidas y las incluyeron en su dieta diaria.

10 preguntas que me hago sobre el descubrimiento de varias comidas

- ¿Era el hambre tan fuerte que los impulsó a arrancar un palo naranja de la tierra y a probarlo a ver qué onda?
- ¿Cuánta gente habrá dicho “miren muchachos, encontré unos hongos… ¿a ver qué tal están?” y cayeron muertos en el acto o corrieron desnudos creyéndose dragones por un par de horas?
- ¿Cuántas veces los hombres postergaron el descubrimiento de algún manjar por años solo porque el tipo encargado de probar las cosas tenía un gusto de porquería y les dijo que “las frutillas no están tan buenas”?
- ¿Están de acuerdo con que Marcopolo cagó las cosas llevando la pólvora al oeste, pero las compensó trayendo pasta?
- ¿Se habrá perdido el hombre de alguna delicia solo porque no se dio cuenta que había que pelarla antes?
- Por otro lado, ¿quién fue el genio que se metió en tanto problema para romper la cascara para finalmente comer… coco?
- ¿Cuándo fue la primera vez que se dijo: “no, no tires esa leche pasada… sé qué crees que soy un cerdo, pero creo que descubrí algo grosso”?
- ¿Cuánto tiempo habrá pasado hasta que se dieron cuenta que si lavaban las cosas tenían un gusto más rico?” (Salvo los brotes de soja… esos tienen gusto a tierra siempre).
- O que si ponías a ese chivito dientes de sable cerca del fuego (pero no muy cerca) por un rato tenía mejor sabor.
- ¿O quién, después de descubrir eso se dijo: “ya sé que hay que cocinar las cosas, pero creo que si agarramos este pescado y este pasto de mar y los dejamos crudos me hago millonario”?

“No hay amor más sincero que el amor a la comida.”
George Bernard Shaw


Amigos, último martes del 2011.
Pero no desesperen. No muerdan la píldora de cianuro escondida entre sus muelas en caso de una reunión sorpresa con sus jefes. Probablemente salgamos con algunos especiales de verano. Especiales que abandonaremos en algún momento porque, dejémonos de joder, ¡es verano!… pero probablemente colguemos cuando ya falte poco para que arranque nuestro próximo año, así que no sería tanto problema.
Fue un placer.

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Pequeños malabaristas de la desgracia


Ilustración por JuanPerro

Martes 13. Día de mala suerte.

Día donde mucha gente te sugerirá que no te cases (sobre todo ese ex que aun se obsesiona con vos y que probablemente veas espiándote por la ventana una noche de lluvia, en plena luna de miel, mientras te besas con tu nuevo esposo) ni te embarques (sobre todo, los empleados de Aerolíneas).

No creo en brujas, no creo en fantasmas, no creo que me den vacaciones en el laburo este año y, para ser sincero, no creía en la “mala suerte”; pero en el caso de… “ellos”, no pasa por creer.

De hecho, esperan que no creas. Hace que su trabajo sea más fácil. Te vuelve descuidado, para que, cuando menos te lo esperes, puedan desplegar su poderío, su capacidad para hacer daño, sus artes oscuras… o sea, hacerte pisar caca de perro.

Son los “Pequeños malabaristas de la desgracia” o, como las chicas los llaman: “Mierda, se me rompió el taco justo antes de entrar a la fiesta”.

La próxima vez que pase un auto cerca de la vereda y te llene de agua, se te caiga una tostada del lado de la mermelada o estés a un número de ganar el sorteo de fin de año en la oficina… mirá rápido hacia todos lados y probablemente los veas, cubriéndose la boca para no reír en voz alta.
Y no intentes alertar a la gente, porque pasar el resto de tu existencia en un manicomio con estos personajes (y el ex novio obsesionado) señalándote y riendo por entre los barrotes de la ventana, no es una buena forma de pasar el tiempo.

Miralo por el lado amable: no son completamente malvados y no van a causarte problemas graves… pero quieren divertirse. Y si un pájaro tiene que hacer sus necesidades sobre tu traje, el día de la entrevista de tu vida, para que ellos puedan reírse, pues van a hacer lo que esté a su alcance para que eso pase.

(Probablemente darles compota de ciruela a todas las palomas de la plaza cerca de la oficina).

“Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte.”
Graham Greene

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La decisión de Guybrush

¿Pago el boleto y viajo tranquilo o me colo en el tren y vivo al borde del peligro? ¿Soy sincero y le aviso a mi jefe que me equivoqué o me encomiendo a todos los santos y espero a que nadie se entere? ¿Almuerzo un menú ejecutivo y soy un poco más pobre o como un pancho y me arriesgo a trabajar desde el baño?
La vida nos exige que constantemente tomemos decisiones importantes que pueden cambiar el curso de nuestra vida. Decisiones que afectarán nuestro futuro a un punto impensado. La teoría del caos en su máxima expresión en cada una de nuestras elecciones más ínfimas.
Como en “El efecto mariposa”, digamos, pero con menos traumas psicológicos, efectos especiales y universidades yanquis.

El tema que traigo a este número es mi disyuntiva de los fines de semana (se nota que escribí esto un sábado a la tarde): ¿tirarme panza arriba en la cama a ver pelis, matando lentamente a mi descendencia con la compu sobre el regazo.. o salir a reventar (mi hígado) la noche?
Si me quedo en casa todo el fin de semana, siento que perdí la posibilidad de ser brutalmente rechazado por una señorita en algún bar; cosa que no me molesta tanto si el nivel de alcohol es el adecuado. Y si salgo, siento que no hice lo único que no puedo hacer durante la semana, además de faltar al trabajo: descansar.

¿Qué hacer?

Si están pensando: “¿y por qué no salís un poco y descansas un poco?” mi respuesta sería “porque tampoco quiero hacer algo que me obligan a hacer durante toda la semana: Pensar”.

“Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección.”
William James

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Joda divina

Intento de explicación a la actual crisis económica europea.

“En los primeros relatos de Homero (el ciego, no Simpson) se cuenta que en el Olimpo, cada noche, se cenaba choripan mariposa (chimichurri o salsa criolla a elección) con numerosos vasos de vino tinto.

Cuando este último entraba bien y el criollo sandwich estaba rico, todo era paz, felicidad y orgías. De hecho, la noche en que Zeus bajó a la tierra y fecundó una doncella rápida como patrullero con rumbo a La Continental, engendrando a Hércules, el dios del trueno estaba alegre bajo los efectos de la carmesí bebida.
Ahora, cuando el tinto entraba “para atrás”, o el chori “escupía” grasa sobre las togas, ¡el mundo a la espera de la ira de los dioses! Terremotos, erupciones volcánicas y hasta el Kraken, que, dice la leyenda, es una mascota que se compró Ares una mañana de resaca.

Los dioses se manejaban así, nada de actos de venganza por un amor infiel o de bondad desmedida a través de heroicas demostraciones de amistad; para los caprichosos seres celestiales, todo pasaba por cómo les caía el banquete. De hecho, un día Poseidón cayó con un chimichurri demasiado picante que le dio hemorroides a todos y… bueno, por algo es la ANTIGUA civilización griega.

Actualmente, el país donde se encontraba este paraíso ciclotímico está castigando la economía mundial como el ruso a Apollo Creed en el comienzo de Rocky IV…ejem, perdón, como Ulises al ciclope Polifemo en el canto IX de la Odisea; haciendo que todo se vaya al diablo en una catástrofe moderna.
Mi forma de analizar eso es que probablemente hace poco hubo una joda violenta en el cielo y alguien se quiso hacer el vivo y llegó con un Uvita Fiesta en una botella de Norton. Dioniso probablemente”

Extracto de “Crónicas de un mundo real (en mi cabeza)” por Guybrush

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¡Qué fantástica!

El sábado pasado fue la fiesta por los 250 números de Los Martes Miento.
Totalmente motivado por la posibilidad de que al menos UNA persona se acercara preguntando: “che, ¿quién de ustedes es Guybrush?”, me fui contento hacia el lugar, dispuesto a vivir una noche inolvidable.

A partir de ahí, se sucedieron una serie de eventos (no tengo mejor palabra para describirlos que) “Guybrusheanos”.

A saber:

- Llegué y no había nadie.
- Me fui a dar una vuelta para pasar un poco el tiempo. Por microcentro, un sábado a las 22.30… imaginalo.
- Al volver sí había gente. Los editores de la revista. Y yo.
- El dueño del lugar se había olvidado de anotar a las bandas que llevamos y no los dejaba tocar.
- Los diseñadores hicieron unos videos muy copados con animaciones e imágenes de la revista… pero no había cable para enchufar la computadora.
- El dueño del bar tenía un cable… pero no lo prestaba.
- Un amigo me mandó un mensaje, desde mi bar favorito, contándome que explotaba y la estaba pasando de lujo.
- Finalmente dejaron tocar a las bandas… tres horas más tarde.

Lamentablemente tuve que irme temprano de la fiesta, por lo que no tengo mucho más para contar… así que voy a hacer lo que cualquier cronista que se precie haría en estos casos: inventar como un pescador mitómano.

- Apenas salí del lugar, entró un grupo de estudiantes de intercambio suecas preguntando quién era el tal Guybrush, ya que les hacen leer sus escritos en las clases de español y el flaco les parece muy divertido.
- Apareció un linyera vestido con harapos y como cinturón usaba… ¡el cable exacto que necesitabamos para pasar los videos!
- Los videos están ahora nominados a 9 Oscars.
- Un linyera bailó en calzoncillos toda la fiesta.
- Este sábado a las 23.30 en Canal E! salimos en un nuevo episodio de “Los festejos más alocados del mundo”.
- El bar donde estaba mi amigo cerró y se vinieron todos a donde estaba.
- El alcohol vencía esa noche así que hubo tragos gratis para todos.

Tal vez esté exagerando un poco, pero es martes y, por lo tanto, miento…
… además, con mi suerte, es probable que me quede corto.

¡Los esperamos la próxima fiesta!
(por favor)

“Nada te hace más tolerante a la fiesta ruidosa de tu vecino, que estar ahí”.
Franklin P. Jones

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Carta de agradecimiento a Los Martes Miento

Estimados:
Aprovecho esta importante fecha para felicitarlos por los 250 números.

Gracias, porque sin importar que estupidez quiera decir, que dibujo loco quiera subir o que queja llorica quiera transmitir, ustedes siempre me dejaron expresarme. Nunca una censura. Tal vez al recibir mis escritos hayan negado con la cabeza, chasqueando la lengua (“tsk tsk tsk”), decepcionados y hasta un poco compadeciéndome, pero nunca me coartaron.
Gracias por brindarme a mi y a millones (cientos) de personas brillantes (gente con mucho tiempo) alrededor del mundo (en Capital y Gran Buenos Aires) un cable a tierra y la fuerza para seguir todos los martes, día de la semana en el que empezás a considerar mandar todo al diablo y ponerte un bar.
Gracias por darme la posibilidad de conocer miles de mujeres. Por lo general, las madres y abuelas de las chicas a las que me acerco, pidiéndome que me aleje o llaman a la policía.
Gracias por darme la posibilidad de transformar mi “loseritud” y mis compulsión a inventar palabras, en algo divertido y no (tan) patético.
Gracias a APTRA (siempre quise decir eso)
Gracias por darme la catarsis ideal para evitar que me vuelva loco con la rutina, el transporte público, los problemas económicos y las peleas del Bailando por un Sueño.
Y si en realidad ya me volví loco (y estoy en un cuarto con paredes acolchadas en vez de en una oficina, haciendo que trabajo y escribiendo esto), gracias por hacer que con su revista, mi locura sea cool y artística. Porque todos admiran a VanGogh, pero si ves a un loco en el subte con la oreja cortada, vas a rajar para el otro lado.

En fin, gracias por la posibilidad de hacer el ridículo que me vienen dando desde hace 166 martes.

Desde mi lugar en el mundo (quizás, una clínica psiquiátrica) brindo por más mentiras, más locuras y más martes y les hago llegar un profundo y caluroso (¿un infernal?) abrazo.

Guybrush

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Sí. Quiero… lemonchelo

El sábado fui a un casamiento.
Como se imaginarán, ya que parece que mi vida es una constante crónica para Los Martes Miento, mi experiencia en la noche de esta hermosa unión fue más bien… accidentada.

15 accidentes en una boda:

- Tuve que grabar un video para los novios. En la puerta de casa, mientras pronunciaba (más bien, “balbuceaba”) el discurso que iba a hacer llorar a todos (de risa), sale un vecino a sacar la basura, me saluda y se me pone a hablar. No, no es joda. Le pedí a mis amigos que editen esa parte y obviamente, los cínicos HdP´s, no editaron nada.
- Al ser un amante de la ecología (un gil sin auto), tuve que ir con unos amigos. Unos amigos impuntuales. Así que llegamos a la iglesia DESPUES de los novios.
- Uno de mis amigos (justo el que estaba sentado al lado mío) trató de enganchar el partido de Racing con el celular durante la misa, haciendo que una señora extremadamente católica a nuestro lado nos lance miradas de inquisidor español.
- Comentario de mi hermano en la iglesia: “¿Che, los bancos no eran más grandes?”. Respuesta mía: “No, hace mil años que no venimos y creo que crecimos”. La señora extra-católica, chocha.
- Una amiga de la novia se pegó el palo del siglo bajando las escaleras luego de una lectura. Pero no explotamos de risa. Anoto esa como un punto a nuestro favor que, tal vez, limpie algo de lo que hicimos luego.
- No se dijo el clásico “si alguien tiene algo que decir, que hable ahora o calle para siempre”, lo que fue una decepción. Nunca nadie dice nada, pero ese segundito de tensión donde todo el mundo para de respirar y se puede cortar el aire con cuchillo es genial. Confieso una maldad: iba a toser en ese momento para darle una pequeña arritmia a los novios.
- Como no funcionó el teléfono/televisor, cuando terminó la ceremonia mi amigo se fue a la casa aduciendo que “tenía que darle de comer al perro”, miró el resto del encuentro y de ahí se fue al salón. A donde volvió a llegar después de los novios.
- Nos hicimos amigos del barman. Lo cual es bueno para nuestra desinhibición y combate al aburrimiento… y malo para nuestra imagen y posibilidades de volver a ser invitados a cualquier reunión que hagan los nuevos esposos.
- Los novios cometieron el error garrafal de sentarnos a CASI todos juntos y a los amigos que faltaban a DOS mesas de distancia. La gente de la mesa del medio está con tratamiento psicológico ahora.
- Bailé el vals y me filmaron. Más accidente que ese no puede haber.
- Hablando de filmar, creo que en el video sale mi cara de “prefiero estar en una reunión del laburo con ganas de ir al baño, una mancha de mostaza en la corbata y perejil entre los dientes, antes de bancarme otro segundo de esto”, mientras pasaban videos con fotos de los novios y temas melosos.
- Al finalizar el casamiento, en mi mesa había un centro de mesa, dos tenedores y un vaso menos. No, mis amigos no son cleptómanos, solo tienen pocos cubiertos.
- Los novios me eligieron para hacer un juego en donde tenía que bailar la lambada con una amiga de la novia. Imaginen un espantapájaros, sin articulaciones, con un rictus de terror en la cara, tratando de ser sexy y van a estar a mitad de camino de lo que pasó.
- Hicimos la clásica “revoleemos al novio por el aire gritando ´heeeeyyyy´”. El salón tiene una lampara menos.
- Tengo al novio en FB y probablemente esté leyendo esto en este momento. ¡La pasé de lujo Hernán! Saludos a tu tía, decile que este domingo la veo en misa.

¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque no somos la persona involucrada.
Mark Twain

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Ole, ole, ole, oleee… emboleee… emboleee…

Crecí en una familia de amantes del fútbol. Todo el día el balón-pie en las charlas, la vestimenta, los posters, ¡los tatuajes! y, por supuesto, la tele. Llegaba un momento que me sentía en un museo de la AFA en vez de en mi casa.

Vale la aclaración temprana de que no me disgusta el fútbol. De vez en cuando me siento a ver un partido con mis hermanos y mi viejo, recuerdo varios jugadores y resultados y hasta fui a la cancha unas dos veces en mi vida… pero, pero ejemplo, no tengo idea cuantos partidos jugó Marcos “el bigote” Colomba como marcador de punta de Chaco For Ever de Febrero de 1986 a Octubre de 1992 y, lo que es más importante, no me interesa saberlo.

Ese es el tema: en comparación, parezco el apático número uno. Es como que te guste ir al circo de vez en cuando, pero vivir en una casa con gente que se pinta de payaso y camina en una cuerda floja mientras comenta emocionada que el día anterior el domador hizo un truco que dejó a todos (por suerte al león también) con la boca abierta.

Esa “falta de compromiso” (“ser un tibio total”, como lo llama mi familia) es totalmente aborrecida en el ambiente futbolístico (un hincha prefiere que publiquen una foto suya dándole un beso francés al jefe de la barra del equipo contrario, a tener que lidiar con alguien que “ve solo los partidos de la selección”), pero me otorga cierta imparcialidad que me permite ver las cosas con otra perspectiva.
Y me llena de dudas.

Por ejemplo: si te gusta el fútbol, ¿te tiene que gustar TODO el fútbol?

En mi casa ven cualquier cosa: primera división, la B, la C, fútbol de Europa, de México, fútbol sala, infantiles, partidos de la década del 60, entrevistas a jugadores, presentación de nuevas camisetas, construcción de nuevos estadios, filmaciones de reuniones de la Comisión Directiva… de todo.

Si te gusta ver fútbol porque es un deporte de destreza, despliegue y táctica, ¿no tendrías que disfrutar solo del fútbol bien jugado? ¿No tendría que molestarte ver 11 zombies rengos contra 11 perros en coma?

Aguanté esa duda hasta que una noche en casa, mientras sufría un tortuoso Lamadrid – Villa San Carlos, no pude más y pregunté:

“¿Ver un partido de estos no es como decir que te gusta la música y ser fan de una banda que suena como el orto?”
Se dieron vuelta a mirarme. Si la pregunta los había sacado del hipnotismo es porque era buena. O muy, MUY mala. Continué:
“En serio, si los pibes de la banda… o del equipo, fueran mis amigos, lo haría por solidaridad, pero ni conocemos a estos lisiados”.

Si las miradas pudieran linchar, las que me propinaron esa noche habrían tenido antorchas, tridentes y una soga con un nudo corredizo.

Al menos aprendí que se puede decir “te falta pasión” usando cientos de insultos.

“El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin.”
Jorge Santayana

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¡Que los cumplas… ignorado!

Ayer fue mi cumpleaños.
O antes de ayer, si estás leyendo esto un miércoles.
O antes de antes de ayer si… buen, se entiende.
(como verán, la edad afiló mi humor y lo tornó más maduro y complejo… esperen, leo un mail de Korol ofreciéndome laburo en su programa y vuelvo)

Como decía, el lunes cumplí años (no importa cuántos) y me di cuenta que se produce un fenómeno extraño cada 03 de Octubre desde hace… mucho tiempo:

Siento que todo el mundo tiene que saberlo y obrar en consecuencia. O sea, haciendo mi vida mucho mejor. Y cuando eso no pasa, me jode.

Me sorprende que la chica que me vende el boleto de tren no me salude. O que no me den el asiento por ser el día de mi onomástico. Me ofende tener que ir a trabajar, y que encima me miren mal si me conecto a ver quién me saludó por Facebook. También me rompe que me saluden pocos en la oficina porque soy el nuevo. Me parece una guachada que la gente en la calle no me sonría cuando voy a almorzar. Y tener que pagar por mi comida el día de hoy es, sin más vueltas, un insulto directo.

Estoy al tanto que la única diferencia con los otros días del año es que hace una pila de años + nueve meses atrás a mis viejos se les dio por hacerse unos mimos obedeciendo a la iglesia, pero no puedo evitar sentir que el mundo hoy (ayer) es un desagradecido total por no felicitarme.

¿Por qué?
Si Micheal Phelps es súper famoso, ¿yo no? ¡Los dos fuimos los nadadores más rápidos en su momento!

(Los dejo, Tinelli al teléfono).

“Cuanto más se envejece más se parece la tarta de cumpleaños a un desfile de antorchas.”
Katharine Hepburn

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Photoshopeando…

Los 5 rubros donde más se miente con las fotos:

Comida: Puede ser difícil o hasta imposible transmitir sabores u olores a través de una foto… pero lo que parece ser bastante fácil es transmitir las ganas de hacerte sentir un gil. Hay una pequeña regla con respecto a las fotos de comida: cada vez que veas un plato fotografiado, imaginá que queda al sol, por tres días, y ese va a ser el plato que te van a poner arriba de la mesa. Nunca tu comida se va a ver tan apetitosa o… brillante, como en la foto del menú.

Habitaciones de hotel: Es mejor para evitar la decepción posterior, que sepas que el acolchado no va a estar tan limpio, la alfombra va a tener alguna quemadura de cigarrillo, una de las puertas del armario va a estar floja, la ducha va a tener manchas de humedad y no no va a tirar agua caliente y el jabón, si hubo un huésped hace poco, va a parecer una pequeña ardilla. Todo esto, obviamente, si tenés mis ingresos y vas a los hostales que voy. Si podés pagar un buen hotel… ¡fuck you!

Gente en Facebook: Una de dos: o soy la persona con la PEOR vida del mundo (mmmm…) o la gente en Facebook miente. Siempre están alegres. No puede ser que vivan de fiesta, de vacaciones, celebrando boludeces o sacándose fotos frente al espejo. Si facebook realmente muestra la vida de las personas, ¿no debería haber fotos de trabajo mientras tu jefe te caga a pedos, del vagabundo del subte aprovechando la congestión del vagón para apoyarte, de vos enfrente de la calculadora para llegar a fin de mes o enfrente de la compu dándole a F5 esperando ese mensaje que nunca va a llegar?

Escorts: Quiero aclarar que en este punto TODO me lo dijo un amigo. Ok, continuando, las escorts no son parecidas a las fotos que muestran sus páginas. Al igual que con la comida, uno debe realizar un simple truco mental: mirando fijamente la foto, agregar 6 kilos, 300 posturas más a esa ropa interior, raíces en el pelo, una cicatriz en el abdomen (apendicitis o Tropical Bailable) y ahí vamos a estar más cerca de la verdad.

Ambientes de trabajo: Por lo general, cuando ingresan a las páginas web de las empresas a (rogar) dejar su CV, esperando (que el selector sea (ciego) buena onda) ser seleccionados en alguna posición (tranca y con buen sueldo) activa y desafiante, uno se va a encontrar con fotos de los ambientes laborales. Si alguna vez en la vida trabajaron, digan la verdad: ¿se parece el lugar de las fotos a su lugar de trabajo? Todo ordenado, todos acicalados y sonriendo, nadie está a punto de ser asfixiado por el cable del teléfono, ni relojeando facebook cuando el jefe no mira. Si trabajar fuese tan divertido no tendrían que pagarme para hacerlo.

“La historia es una galería de fotos en donde hay pocos originales y muchas copias.”
Alexis de Tocqueville

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