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La lectora

Acerca de La lectora

por Anahí Flores www.anahiflores.org La Lectora en la Ciudad
La lectora
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Aprovechá a leer ahora que podés

Ilustración: Lucía Miranda

Te deseamos que, durante el 2012, puedas hacer todo lo que quieras: como cada año que comienza, éste también viene con doce meses enteritos y flamantes.

¡Felices fiestas!

Con cariño,

La lectora

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La lectora con protector solar


Foto: Miguel Sampedro

Una literatura difiere de otra ulterior o anterior,
menos por el texto que por la manera de ser leída.
Jorge Luis Borges

Cuando la lectora lee, las palabras no resultan sólo un conjunto de letras o sílabas: son detonadores de ideas y de recuerdos, reales o imaginados. El libro se transforma en la suma de lo que el autor escribió y lo que a ella le despierta. Pero entonces, se pregunta: ¿a quién pertenece ese libro, al autor o al lector? ¿Le gustaría a este autor que se lean sus libros desde el agua, por ejemplo, o se pondría nervioso por si le salpican las páginas?

La lectora considera que el libro es, desde el momento en que lo lee, de ella. Lo lleva a la pileta consigo aunque al final del día quede un poco pegoteado con protector solar y gotitas de agua

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La lectora, por Guybrush

A medida que se acerca fin de año, las rutinas se alteran, todos corren de un lado a otro, no sobra tiempo para nada. Por eso la lectora aprovecha que el chico que escribe más arriba (lo llaman o se hace llamar Guybrush) en estos días pasó de visita por aquí y escribió algo que… bueno, tiene que ver con leer. Y ella, ninguna tonta, se apropió del texto -y de la foto- para su columna y así se toma vacaciones por este martes.

Si bien es probable que en cualquier momento se necesite pasaporte y visa para entrar a Capital, por más que sea difícil de creer, vivir un par de cuadras más allá de la loma del traste tiene ciertos beneficios.

Ejemplos: en verano la gente aún se sienta en la puerta a tomar fresco, los vecinos se ayudan, el tránsito no es enloquecedor y si a un grupo de aliens se les ocurre atacar Buenos Aires, para cuando lleguen a mi casa yo ya me morí de viejo.

Pero creo que lo mejor de vivir lejos es que uno puede leer mucho en los medios de transporte.

Sé que también puedo leer en casa (o en el baño del trabajo), pero colgarse con un libro en el colectivo o el tren tiene cierta magia. Cierta capacidad de acelerar el tiempo y de permitirte disfrutar del transporte público.

Escuchar música tiene onda, pero hay dos puntos en contra: digamos que no viajo en el silencioso TGV, así que el ruido del San Martín “enmascara” (por no decir “tapa completamente”) el sonido. Además, al escuchar música aún tengo los ojos “desocupados”, y mirar los dantescos paisajes del conurbano por la ventanilla no es muy motivador.

En cambio con un libro es diferente. Uno puede abstraerse completamente del mundo (después de asegurarse de que su billetera quede bien cubierta) y disfrutar. No mira por la ventanilla, el sonido del tren lo arrulla en vez de apabullarlo, practica equilibrio viajando parado y sosteniendo un libro pesado, se hace el intelectual con la chica de al lado, controla con más facilidad las ganas de masacrar al payaso que escucha música sin auriculares y no se distrae con los engañosamente tentadores y posiblemente fatales ítems de los vendedores ambulantes.

Compadezco a la gente que vive en Capital… porque no puede leer en el transporte público (al menos, no por mucho tiempo) y porque cuando lleguen los aliens van a ser los clásicos giles que mueren siempre al comienzo de la película, mientras el congreso explota en una bola de fuego y el obelisco se derrumba, en un simbolismo fatal sobre la caída de la civilización.

(Nota mental: cortar un poco con la Ciencia Ficción.)

“Leer es, para mí, no solo tener una idea de lo que dice el escritor, sino escaparse con él y viajar en su compañía.” André Gide, escritor francés.

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Limericks Cariocas

Anahí y Lucía se conocieron algún martes en Los martes miento. Durante el último invierno fueron construyendo un libro pequeño al que llamaron Limericks cariocas (Editorial Caki Books, Rio de Janeiro, 2011) y que presentan este viernes 25 a las 18 hs en Casa de Letras, Perú 375, octavo piso.

Todos los lectores de los martes están más que invitados.

¡Nos vemos!

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La lectora saborizada


foto: Vero Mariani

Leer y comer, no puede ser
(Refrán)

Uno de los grandes placeres de la lectora es mezclar libros con comida. En este picnic de primavera tardío, con sándwiches de tomate seco y rúcula y otras delicias, varias lectoras improvisan combinaciones. ¿Habría que tener en cuenta la coherencia entre la historia y el sabor? Por el momento, ellas ni piensan en eso y juntan novelas livianas con cup cakes de chocolate, y cuentos fuertes con jugo de frutilla. Bon appétit!

En este pic nic participaron Vero Mariani, Vero Farías, Romi Lamarque y Vir Sar.

Otras fotos del pic nic, aparecen en: Corazón de algodón, Alma Singer y Espacio Living.

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La lectora y los amigurumis

foto: Silvina Báez

El propósito de la lectura no es conseguir que se vendan más libros, sino que los lectores disfruten más de la vida.
George Holbrook Jackson (1874–1948), escritor británico.

En el nuevo barrio de la lectora hay un rincón adonde a ella le gusta ir a leer ciertos libros. Nunca un libro técnico o de ensayos. Libros de cuentos con letra grande son los que más combinan con ese lugar. Mejor aún si tienen ilustraciones.

La lectora se sienta en su rincón y se deja llevar por el entretejido de letras. Los renglones le parecen hilos. A medida que avanza en la lectura (cada letra teje un punto) avanza en el tejido y, a su alrededor, van apareciendo los pequeños amigurumis (*) imaginados.

(*) Se llaman “amigurumis” los muñecos tejidos en crochet. Gracias a Julieta, del blog Los sospechosos, por acercarnos sus amigurumis para este post.

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La lectora y el aire by JUlio Flores

La lectora y el aire

collage: Julio Flores

Se necesita espacio en el texto para que el lector penetre.
Siri Hustvedt (1955), escritora estadounidense.

Hay libros en los que las oraciones se superponen, se tapan unas a otras como pasacalles. Las frases quedan sueltas y resulta inútil tratar de hilvanarlas: ellas solitas se repelen y hacen imposible una lectura fluida. Son textos que, de tantas palabras prescindibles, se quedaron sin aire. La lectora cree que ya se habría asfixiado si no consiguiera, siempre, salir de esos libros a tiempo.

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La lectora anciana


ilustración: Marta Toledo

(Relato publicado en el suplemento cultural del diario perfil el domingo 16 de octubre)

Era otoño. Recostada en la reposera del jardín, la anciana pasaba la tarde sumergida en un libro. Mientras sus ojos deambulaban sin prisa por las letras, la consciencia encontró una bifurcación por la que se alejó de las líneas, se sumergió en su cuerpo y enseguida encontró el motivo que la dispersaba: el corazón. No el corazón en sí, sino un pequeño desplazamiento que parecía haber realizado. Ella hubiera jurado que ahora se encontraba un centímetro más hacia abajo, aunque sospechaba que los órganos no podían moverse así nomás. Por otro lado, latía normalmente y aunque no parecía haber motivos para preocuparse, permaneció atenta, escuchándolo.

Inmóvil, con el libro en las manos, era casi una estatua. Seguía pasando la mirada sobre las filas de letras, andando sobre ellas como si fueran las baldosas sueltas de una vereda que de vez en cuando salpican. El corazón ya estaba cerca del abdomen. Lo sintió latir y pensó en los tambores cuando anuncian algo importante. Si era verdad que estaba paseándose por ahí, entonces ya era hora de que comenzara a retornar a su sitio habitual. ¿O continuaría descendiendo por el tobogán del cuerpo? Ambas opciones le parecieron posibles. Se quedó esperando a ver qué pasaría. Mientras tanto, como para distraerse, releyó un fragmento del que no le había quedado ni una frase. Aquella tarde su mente era un colador de palabras; por más que leyera y releyera, no sobrevivían. Insistió.

Una hoja amarillenta planeó desde un árbol y le cayó justo sobre la panza, como marcando un objetivo. La hoja subía y bajaba ante cada latido. El corazón parecía querer mostrarle una prueba concreta en el balanceo de la hoja seca. Y ya no le asombró cuando alcanzó la pelvis. Entonces se dijo a sí misma “Hasta aquí está bien. Ahora va a volver a su lugar, apenas salió a dar una vuelta para despistarme, para recordarme que aún estoy viva”. Y sus palabras, por un momento, la auto convencieron.

Por eso cuando el corazón comenzó una caída libre por las piernas, dividiendo su fuerza en dos mitades, un gesto de temor se le incrustó en la cara. El corazón fluía por sus muslos como por una cascada sin piedras. Bajaba por las rodillas, se enroscaba apenas un segundo en los ligamentos, le quemaba las pantorrillas hasta detenerse en los pies, frente al precipicio. Y como si dos puertas virtuales se encontraran entreabiertas en las plantas de los pies, se asomó para lanzarse al jardín, hacia otras plantas. Buscó entre el césped, aspiró el olor a tierra. La mujer escuchó el roce de sus venas que tanteaban el pasto. Los latidos se internaron en la tierra húmeda, y ella decidió, para cambiar de tema y olvidar este asunto que ya estaba incomodándola, ponerse de pie. Con movimientos más vegetales que lo habitual, se incorporó hasta encajar los pies en el suelo. Se amalgamaron como dos piezas antiguas de un engranaje. Sus brazos se elevaron al unísono, impulsados por un chorro de savia que brotaba desde el suelo a través de su cuerpo. Y en la punta del brazo izquierdo, allí donde hasta poco antes había habido una mano que sostenía un libro, los latidos reiniciaron con más fuerza que antes. Ella no pudo verlo pero lo supo: una flor de ceibo, nacida de su sangre, aparecía en lo alto de las ramas.

Hacia la nochecita, una hormiga negra caminaba por su piel, pero la corteza de las piernas la protegió. De ahora en más, cualquier cosquilla proveniente del reino animal le pasaría por completo inadvertida.

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La lectora ya tiene los resultados del sorteo

Gracias a los geniales sorteos de Vero Mariani en su blog Alma Singer, se nos ocurrió hacer este sorteo de celebración. Y ¿quiénes se llevarán los tres libros de Adriana Hidalgo Editora…?
En pocos minutos lo sabremos.
Ponemos los 25 nombres en una hoja (24 de comentarios dejados en este post, y uno dejado en Los martes miento), la cortamos, agitamos los bollitos de papel y Todos los cuentos, de Paco Urondo, es para… ¡Diego Ariel Vega! Muchas felicitaciones :)

Vamos por el próximo, El africano, de J. M. Le Clézio.
A ver a ver… ¡Felicitaciones, Anónimo! Copiamos el mensaje del inscripto N21 para que se identifique, porque es una persona seria pero no nos dejó su nombre el el comentario:
Anónimo dijo… Siempre fui una persona seria como todos y todas the librarians y no me gustan los farsantes de cualquier tipo, tamaño, y carácter… Un beso, Anahí!

Y ahora vamos con el último libro, el título infantil… ¿qué niño se lo llevará?… ¡Lucía se lleva el premio infantil! ¡Yupi!

Gracias a Adriana Hidalgo Editora, que nos regaló estos tres ejemplares y felicitaciones, otra vez, a Diego, Anónimo y Lucía. ¡Entren en contacto con la lectora para recibir sus premios!

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La lectora celebra los doscientos lectores

Qué felicidad, La lectora en la ciudad va creciendo de a poco, a un ritmo de 100 nuevos lectores por año. Gracias a todos por acompañarnos, en un par de meses más completaremos los dos años de blog. Pensábamos celebrarlo recién para el cumpleaños, pero al haber alcanzado las dos centenas antes, decidimos adelantar los festejos (o bien, agregar este festejo).
Todo aquel que deje un comentario en este post (o en el post idéntico a este en el blog de la lectora) estará automáticamente inscripto en el sorteo de celebración por los doscientos lectores. No hace falta estar registrado en el blog, pero quien quiera agregarse… bienvenido.
La editorial Adriana Hidalgo nos donó tres libros para repartir. Dos títulos adultos (Todos los cuentos, de Francisco Urondo y El africano, de J. M. Le Clézio) y uno infantil (La casa de los cubos, de Kunio Kato y Kenya Hirata). Quien quiera participar en el sorteo de los tres ejemplares, agregue en el comentario “yo también soy un niño/a” o algo así que nos dé la pista de que lo incluyamos en el sorteo del título infantil. Quien sólo quiera optar por los libros para adultos, agregue algo como “soy una persona seria”.
El sorteo se realizará el lunes que viene y los resultados se verán el martes próximo, por este mismo canal ;)
Todos pueden participar, pero los libros están en Buenos Aires (si quieren que se los mandemos por correo, los gastos corren por cuenta del ganador).
¡No se pongan ansiosos!
La lectora

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