Guybrush

Bobby, el noveno pasajero

PARTE 2: El bus de los animales
(Surrealismo andino en dos partes)

Luego de la accidentada interacción con mi ‘amigo’, pensé que el viaje arrancaría sin más sobresaltos… pero no arrancó por una razón más.

Mientras que todo el mundo me miraba como la persona más insensible del planeta, sube una señora con una (mejor palabra imposible) ‘criatura’ en brazos, cubierto de mantas y capucha. Al sentarse se le sale la capucha y el ‘bebé’ tenía demasiado pelo para ser humano.

Su compañera de asiento empieza a chillar: “¡No se puede viajar con animales! ¡Baje a su perro ya mismo!”. La dueña del can actuaba como si el mensaje no fuese dirigido a ella, como si otro imprudente hubiese subido con otro perro, uno que estaba rompiéndo la paz del vehículo a diferencia del suyo que es un santo.


“Señora, le estoy hablando, ¡no puede viajar con un perro!”. Recién ahí la vieja con el perro en brazos se dio por aludida. Levantó las cejas, como si le estuviesen pidiendo algo tan loco como ponerse a bailar desnuda en el pasillo del micro porque se rompió el televisor y no iban a poder pasar una película, y respondió, súper tranquila: ¿Cuál es el problema? Se va a portar bien”.

“No me importa… no puede viajar”

“No hay ninguna ley que lo impida”

“De hecho”, acotó el chofer, que se asomó a ver cual era el problema, “sí la hay”.

“Pues deberían avisarlo”.

“Bueno, en la terminal hay carteles por todos lados advirtiéndolo”.

“No se preoupen”, continuó la señora, hablando muy tranquila, como dándonos tiempo de que nos demos cuenta de lo equivocados que estábamos, “no va a hacer nada malo, y va en mis brazos”.

“¿Y que pasa si se hace encima? ¿O avisa?”, dijo, en un despliegue de ironía, la que se quejó primero.

En ese momento, la cara de dueña del aludido se iluminó con una sonrisa. “Eso no es problema”, dijo retirando las mantas como un mago en el clímax del acto, “¡porque lo traje con pañales!”.

Efectivamente, el pichicho estaba ataviado con pequeños pañales de recién nacido. Explotó todo. Todos gritando al mismo tiempo. Para ser sincero, quería irme ya, el perro parecía tranquilo y era menos probable que ensucie el micro que yo (nunca tomen cerveza antes de un viaje de 8 horas), pero estaba en capilla por lo del loco, así que mantuve la boca cerrada.

Quisieron poner al perro en la bodega, pero había que dormirlo y esperar media hora a que la pastilla surtiera efecto (además en cuanto el micro agarrara una curva, iba a quedar de póster), así que desistieron y le pidieron amablemente (tan amablemente como pueda ser una amenaza de llamar a la policía) a la dueña que se bajara del bus. Siendo yo el único animal del rodado, partimos.

Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay gente que ama más a sus perros que a los hombres.

Aldous Huxley

Guybrush

Acerca de Guybrush

Un pibe como cualquiera. Trabaja en un lugar que no sabe si es el suyo, tiene dudas existenciales, algunos amigos y busca a la chica de sus sueños. Un poco torpe, buena gente y siempre con alguna idiotez chistosa para decir. guybrush@losmartesmiento.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>