Marcelo Vertua

Cada quien con sus demonios (Kata ton daimona eaytoy)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

The Crystal Ship

Tengo la cabeza llena de fechas que no me sirven en lo más mínimo, y no puedo echarle la culpa a Sarmiento ni a Felipe Pigna. Por ejemplo, sé perfectamente qué día fui al recital de Duran Duran, un grupo que nunca me gustó mucho (fui gratis).  Fue el 30-04-93 en Vélez (se me cayó una sota), me acuerdo que en un momento encendieron todas las luces del estadio para filmar parte de un videoclip, y me acuerdo que después hicieron un cover de Los Doors.

Lo cierto es que una fecha pelotuda me lleva a otra fecha pelotuda y así ando, con tortícolis de tanto mirar pelotudamente hacia atrás. Todos los años, cuando se acerca el aniversario,  rememoro una lejana noche en Sunset en que subestimé un dolor de panza y terminé haciéndome encima. Me la paso recordando (y saludando mentalmente) el cumpleaños de gente con la que perdí contacto hace siglos y, lo que es peor, el cumpleaños de familiares de esa gente. Por eso, que me acuerde que el jueves pasado Jim Morrison hubiera cumplido 68 años, no es nada raro

Los días son claros y llenos de dolor,

envuélveme en tu suave lluvia,

el tiempo que viviste fue demasiado loco,

volveremos a encontrarnos,

volveremos a encontrarnos.

Hace muchos muchos años (ADD, antes de Duran Duran) vi un video de los Doors en el Ed Sullivan Show y flasheé, así nomás. En tiempo récord conseguí todos los discos, los hice sonar hasta tatuármelos en la memoria y no paré. A partir de ahí, me dediqué a analizar cada una de las letras y los poemas que Morrison escribió. Vi todas las películas que hizo, estudié cuanta biografía andaba dando vueltas, repasé una y otra vez los documentales acerca de su vida y me arruiné la mía, convencido de que tenía que vivir en pedo y morirme a los 27.

Sobreviví, es decir cumplí 28, y de a poco logré ir corriéndome de las sombras que proyectaba el Rey Lagarto sobre mí. Seguí adelante, y de a poco volví definitivamente a ser yo mismo. En el 2004, por acto reflejo, saqué entrada para ir a Vélez (no iba desde el 93, se me siguen cayendo las sotas). No estaba muy seguro de lo que podría encontrar, pero llegando al estadio me di cuenta. Aunque sólo se tratara de Los Doos, imaginaba que al escuchar esas canciones en vivo podría terminar de matar el fantasma. Cerrar el círculo como quien dice.

No sé si fue el eclipse total de luna de esa noche o el olor a porro que se me quedó impregnado, pero al finalizar el recital las preguntas habían crecido lo suficiente como para romper el candado de donde las escondía: ¿Por qué el chabón necesitaba tanto morirse? ¿Qué lo llevó a ahogar su talento en un mar de whisky? ¿En qué parte de su cabeza se criaban asnos? ¿Cómo hacía para escribir canciones alucinantes y, al mismo tiempo, convertir su vida en un mamarracho? ¿Fue su infancia, el padre militar, algún abuso, las constantes mudanzas de su familia? ¿Fue falta de amor o de jugadores?

Oh, dime dónde se esconde tu libertad,

las calles son campos que nunca mueren,

libérame de las razones por las que preferirías llorar,

yo prefiero volar.

Este año cumplí el viejo sueño de viajar a París. Caminé por el barrio que él caminó cuarenta años antes, me saqué fotos en la puerta del edificio donde vivió y murió, y en el Père Lachaise, frente a su tumba, de la nada me puse a temblar como una viuda, recordando el significado de esas palabras en antiguo griego que su familia eligió como epitafio: Kata ton daimona eaytoy. Jim Morrison dejó un racimo de exquisitas canciones y despegó rápido para que yo me quedara mirando el cielo. Lo que él más deseaba era tirar la toalla y saltar del ring, incluso antes de la campana inicial. Eso es todo lo que sé y voy a saber de él. Ninguna fecha, disco, poema, periodista o psicólogo pueden explicarme ninguna vida.

Ni los demonios que la habitan.

Marcelo Vertua

Acerca de Marcelo Vertua

La información biográfica de MV, al igual que su vida, se encuentra en permanente estado de reconstrucción.

3 respuestas a Cada quien con sus demonios (Kata ton daimona eaytoy)

  1. bobby ha dicho

    llegué aca buscando el significado de la misma frase que vi en el mismo lugar… y me encontre con que el creador del blog SALTO LA VALLA que “protege” a la tumba de Jim… totalmente abandonada por cierto. Saludos

  2. Pan ha dicho

    KATA TON DAYMONA EAYTOY: es una frase de muy compleja traducción, más si se la trata de traducir del griego antiguo o del moderno… en fin. Dicen que singnifica algo asi como “al espíritu divino que habitaba en su interior” (griego antiguo), en el moderno, en cambio sería “cada cual es dueño de sus demonios”. Lo curioso es que esta frase taaaan poderosa es como un ying-yang, entendamos que la idea del demonio es post cristiana y la palabra demonio viene del griego “daimon” (divinidad). Curioso teniendo en cuenta que “no hace mucho fue inventada la idea del demonio como algo macabro”. ¿No? En fin, me dejo de decir pelotudeces que no conducen a nada lo cierto es que -KATA TON DAYMONA EAYTOY-, por el poder de su significado la use dureante mucho tiempo a modo de nick.
    Buena publicación.
    Por cierto… de haber estado en esa tumba me hubiese clavado un wisky o al menos una birra, y no se por que.

  3. francisco ha dicho

    es interesante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>