Tyler Durden

De minas no sé nada y de fútbol más o menos

Rústico. Así sería con las mujeres
Rústico. Así sería con las mujeres.

Eran las seis en la oficina cuando, con la misma camisa de hace tres días y mis zapatos que no conocen lo que es la pomada, sacaba unas fotocopias mientras fumaba un cigarrillo que desbordaba de ceniza. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que últimamente se habían estado sucediendo cosas raras. La ceniza cayó sobre la máquina cuando colgué pensando que hacia mil que no le cargaba crédito al celular y que, tal vez, que todavía me queden diez mangos no era tan buena onda.
No es que sea una persona 2.0 altamente comunicada, pero usualmente le cargo mínimo una vez al mes. Mientras volvía a casa paré a comprarme una lata de coca y, buscando cambio en mi bolsillo, me encontré con un par de preservativos.
Me pregunté por qué últimamente tenía preservativos en todos los pantalones y por qué siempre tenía más de uno.
No es que acostumbre a comprarme una lata de coca todos los días, pero es que últimamente tenía más plata de lo que acostumbro. Y más preservativos. Y más crédito. Y muchísimas más ganas de ponerla. Ahí estaba el asunto. Me había dado cuenta que hacía un siglo que no practicaba la danza horizontal con otra cosa que no sea mi cama. Eso explicaba los forros, la guita y también el soberano engome que me producía hasta la sombra de una teta. Había empezado a usar el celular como agenda porque, como ya no lo usaba ni para hablar ni para mandar mensajes, tuve que darle un uso alternativo. En cuanto a los forros, puedo decir que siempre fui un tipo optimista. Hay un buen número de hombres que piensan que llevar forros es como cantar el gol antes de que entre. No se canta el gol antes de que entre porque sino no entra. Pero no soy cabulero así que llevo forros a todos lados. Porque si justo ese día una profe me dice que hay clase y no llego a poder asistir porque no traje el guardapolvo me la corto y se la doy a otra persona a ver la usa un poco.
Me fui al carajo, la cuestión es que empecé a buscar el por qué de esta situación que dicho sea de paso era absolutamente insostenible y debía ser revertida cuanto antes. Me observé a mi mismo cuando me acercaba a las mujeres y encontré un patrón: todas me mandaban a planchar resortes. Pero también me di cuenta de otras cosas.
Me di cuenta de que seducir a una mujer es como jugar al fútbol. Sí, podes ganar un partido jugando de contra golpe y ser un bostero roñoso terrorista del buen fútbol, pero son casos aislados. Un buen partido se gana con buen fútbol. La permanencia se gana con buen fútbol. Pero en ese entonces esto no lo sabía. Es de conocimiento popular que patear al arco de atrás de mitad de cancha no es una buena idea. Eso era lo que estaba haciendo, cada vez que conocía una minita le tiraba con armas de destrucción masiva a los cinco minutos de haberla conocido. Así jamás iba a entrar. Jamás.
Me tomó un buen tiempo y muchos resortes planchados darme cuenta más o menos de cómo va la cosa: Para hacer gol hay que tocar, tocar hasta encontrar el hueco, gambetear un poquito en el área y colocarla pegada al palo donde el arquero no llega. Así se hace un gol (ahora no me pregunten cómo se coge porque no tengo la más puta idea).

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Acerca de Tyler Durden

La nueva incorporación de martes. El pibe que la rompe eb Barcelona. Todavía no hemos visto su rostro, pero vamos conociendo sus mañas

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