Marcelo Vertua

El amor es burgués, lo sé…

Hubo un tiempo en que fui flaco, y era hippie de verdad: no tenía cable ni tarjeta de crédito. La tele era un adorno de escasas pulgadas, y mi casa una biblioteca que nunca terminaba de leer. Trabajaba media jornada, no usaba reloj ni celular, y sólo comía cuando tenía hambre… pero entonces conocí a Camila. Me dio un largo beso, me juró que llegaba para salvarme, y se autoregaló (diciendo que era para mí) un microondas. Después, un reproductor de DVD. Otro día me dijo: “a tu ropero le falta onda”, y me llevó de “paseo” al Ídem Alcorta. Cuando salí, tenía más pinta que Pablo Echarri y Mariano Martínez juntos. De verdad, no imaginaba que Cardón, Rever Pass y Hush Puppies fueran marcas que se pudieran interesar tanto en mí.
Semanas más tarde, Camila apareció en casa con ocho valijas, y se instaló con su ejército de Sarkanys, María Vázquez, Daniel Cassin…
Ahora, después de dos años de convivencia, estoy suscripto al Club del Vino (igual sigo sin saber descorchar una botella), al Serviclub de YPF (juro que sumo puntos a lo pavo… pero todavía no pude llevarme ni un termo), y al Club La Nación (a pesar de que todavía no sé cómo abrir semejante diario). Uso pantalones Levi´s, y hace poco obtuve un préstamo bancario (me lo dieron enseguida, nada más tuve que probar que soy millonario), y con esa plata licité un cero kilómetro, al que le agregué un GPS que se la pasa recalculando. Tengo televisión satelital, Blackberry (perdón: “BB”) y WiFi, que funcionan cuando no llueve, pero que pago puntualmente todos los meses, a través del Banco Santander Río (que con publicidades comiquísimas, ofrece descuentos inmejorables para toda clase de productos y servicios).
Desde que vivo con Cami, me siento reafirmado en la vida. Crecí mucho: peso diez kilos de más, trabajo sesenta y cinco horas por semana, y si mi jefe me lo pidiera enojado, se la chuparía sin chistar.
A veces, de vez en cuando, me parece que estoy un poco harto del AutoPlan, de los veranos en Pinamar, del débito automático, de los sms de Claro, de las viandas de Cormillot, de los resúmenes de Visa y de las ofertas de Garbarino, que me hicieron creer que para ver buen fútbol necesitaba un plasma, y me lo vendieron en cómodas ciento veinte cuotas que, intuyo, van a terminar de pagar mis hijos.
Pero es una simple una sospecha, nomás.

Marcelo Vertua

Acerca de Marcelo Vertua

La información biográfica de MV, al igual que su vida, se encuentra en permanente estado de reconstrucción.

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