Guybrush

Hogar, dulce (y pequeño) hogar…

Para aprovechar el tiempo mientras estoy (olímpicamente al pedo) desempleado, estoy recorriendo inmobiliarias buscando un departamento. Tengo ganas de invertir un dinero y me parece que poner un techo sobre mi cabeza para no mojarme o morirme de frío es una idea prudente.

El problema es a lo que puedo acceder con la plata que tengo. Para empezar, cada vez que voy a una inmobiliaria pierdo unos dos minutos esperando que el tipo pare de reír. Después, cinco minutos más explicándole que no, no es un chiste… solo tengo esa cantidad de dinero.
Y recién ahí empiezan “las complicaciones” (que es otra forma de decirle al “bueno, por esa cantidad te puedo ofrecer…”)… y se pueden dividir en tres partes.

La charla previa:
El tipo de la inmobiliaria (el mismo que se mató de risa de tu… humilde presupuesto unos segundos atrás), te habla del lugar que te ofrece como si fuera una cruza entre el palacio de Versalles y un piso con vista al Central Park. Es claro que suena más falso que un billete de 3 pesos y que nos damos cuenta cuando disfraza los defectos con eufemismos berretas. Sabemos que “cálido” significa “dormís parado porque es chico”; “bajas expensas” que “no hay ascensor” y “podes conocer un montón de gente” es “las paredes son tan finas que te podes poner a charlar con los vecinos”.

La imagen previa:
- Las fotos que te muestran y el lugar en sí son completamente diferentes. Sí, son el mismo departamento, pero si te quiero vender el coliseo romano (sin robarte) te muestro una foto de este siglo, no una imagen digitalizada que salió en la película Gladiador. O sino lo contrario; no pido un master en fotografía, pero todas, absolutamente todas, son sospechosamente borrosas y en ángulos que ocultan en vez de mostrar. Igual no hay mucho para ver, porque con el tamaño que puedo pagar, con una foto mostras todo el departamento.

La visita:
- Si ya hay alguien viviendo ahí cuando vas a ver el lugar, te sentís como yendo al zoológico sin tener ganas de ir y con los animales que te miran como si fueras un desubicado. O como si estuvieras visitando una casa de Gran Hermano con menos glamour (si esto es posible).
Los inquilinos te miran entre ansiosos para vender y molestos de que les vas a joder la existencia un sábado por la mañana. Siempre está el televisor prendido, algún niño corriendo y la persona disculpándose por el desorden. Vos, por otro lado, te sentís incomodísimo, decís que no pasa nada cuando el nenito te muerde la pantorrilla y comentás que tienen la casa muy bien cuidada, mientras rezas para que ese pedazo de revoque medio suelto del techo no te caiga en la cabeza y te mate.

“Para conocer a la gente hay que ir a su casa.”
Johann Wolfgang Goethe

Guybrush

Acerca de Guybrush

Un pibe como cualquiera. Trabaja en un lugar que no sabe si es el suyo, tiene dudas existenciales, algunos amigos y busca a la chica de sus sueños. Un poco torpe, buena gente y siempre con alguna idiotez chistosa para decir. guybrush@losmartesmiento.com

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