Marcelo Vertua

La trampa de la liquidez

No puedo quejarme, gracias a este laburo me compré un auto y dos LCD, uno para la habitación y otro para el living. Amueblé el departamento y pasé dos veranos inolvidables, quince días en una cabaña a metros del mar. Gracias a este trabajo y a la obra social, mi mujer recibió un tratamiento costosísimo en un hospital de primera. Gracias a este trabajo, después de todo ese miedo y dolor, pudimos hacer una gran fiesta de casamiento e irnos un mes a Europa.

Me fue bien, ¿no?

Me fue bárbaro, hace diez años que estoy asfixiándome en este laberinto de escritorios, pidiendo permiso hasta para ir al baño, yendo una y otra vez en contra de mis principios y soportando toda clase de pequeñas grandes humillaciones. En este trabajo, sin emitir una sola queja, dejé lo que supuestamente eran los mejores años de mi vida. Engordé, perdí pelo, viví años contracturado y fui advertido por usar polera, llegar tarde, caminar despacio, tener cara de culo y escribir “Hola” en lugar de “Estimado”. Gracias a este trabajo nunca dejé de sentirme vago y sospechoso, a pesar de que jamás me robé una birome y trabajé como un animal, salvo algún mediodía que me escapé al cine. Gracias a este trabajo perdí muchas vacaciones y varias chances de acompañar a mi mujer en su peor momento. Aprendí a ejecutar órdenes y contraórdenes al mismo tiempo. Aprendí a bailar toda clase de ritmo durante nueve horas diarias, y me especialicé en festejar para adentro el simple hecho de que los gritos o los telegramas no fueran dirigidos a mí. Gracias a este trabajo llego a casa agotado y sin ganas de hablar con nadie durante horas, o con ganas de boxear al primero que se me cruce. Gracias a este trabajo sufrí tortícolis, diarreas, depresiones y crisis nerviosas. De bonus track, casi hago quebrar a la obra social que tanto me ayudó: me reintegraron fortunas por las constantes visitas a traumatólogos, kinesiólogos, gastroenterólogos, psicólogos y psiquiatras, quienes me recetaron pastillas que me dejaron el estómago dado vuelta y el cerebro agrietado, listo para afrontar cada jornada laboral con la alegría que me caracteriza.

Me fue bien, ¿no?

Me fue de maravilla, y cuando me asciendan y me den más tareas y responsabilidades, me va a ir mejor todavía. Porque eso significa que en algún momento van a aumentarme el sueldo. Entonces voy a buscarte para refregarte en la jeta cada uno de mis logros.

Y allá vos.

Marcelo Vertua

Acerca de Marcelo Vertua

La información biográfica de MV, al igual que su vida, se encuentra en permanente estado de reconstrucción.

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