EL ZOMBIE DE IGNATIUS POR MR

El zombie de Ignatius

Querido lector:

Hace no muchos dias mientras disfrutaba de un merecido descanso de mi vasta actividad física e intelectual, decido sentarme frente a este instrumento de degradación humana llamado computadora para verificar lo que ya sabía, no se ven mas que horrores digitalizados, verdaderas afrentas a la decencia y el buen gusto que tintinean luminosas en forma de tristes revistas que carecen de existencia real.

A medida que pasaba por los diferentes espantos, mi indignación crecía y mi mal llevada válvula pilórica se cerraba. Entre ellos me encontré con uno en particular que llamó mi atención.

Si, perspicaz lector, me refiero a “los martes miento”, que a pesar de ostentar un título desprovisto de teología y geometría logró captar mi interés.

El caso es que unos minutos después me encontraba tipeando un mensaje para la mencionada publicación en el que expresaba mi intención de, una vez terminado, publicar en ella una denuncia sobre la que estoy trabajando hace ya algunos años, destinada a pulverizar desde sus mismos cimientos la base de la cosmogonía de esta perversa era. La respuesta no se hizo esperar, el directorio de este prestigioso portal, dando muestras de una sensibilidad inusual para el medio, me ofreció un espacio en el que volcar mi denuncia. Lamentablemente, tan importante trabajo carece aún de una estructura que permita la llegada a tan selecto público. Vamos, Roma no se construyó en un día.

En los próximos dias, casi con total certeza, me reuniré con estos zares de la informática para ultimar detalles sobre lo que, creo, será sin dudas la mejor solución. Debido a algunas disputas menores con respecto a honorarios y derechos internacionales de publicación, debo mantener en secreto la solución a la que sospecho que arribaremos sin inconvenientes.

No deje de leer esta columna, abnegado lector, a partir de la semana que viene.

Ansiosamente suyo,

Ignatius


Ignatius R. Zombie

Luego de las bien conocidas inundaciones en New Orleans, el cuerpo de Ignatius flotó por la rivera del Mississipi y de alguna manera terminó en el entubado del Arroyo Maldonado (ahora conocido como avenida Juan B. Justo en Buenos Aires) donde El Muchacho decidió continuar su vida.
Aquí en Martes, recibimos sus escritos desde algún ordenados de la Paternal.




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