Guybrush

Saqueo permitido

Mudanzas. Una pequeña sucursal temporal del infierno sobre la tierra.

Si sos vos el que se muda, podés estar seguro que vas a perder cosas, vas a terminar con dolor de espalda y si te gusta la privacidad, que varias personas carguen tu vida en cajas se va a sentir peor que un examen de próstata hecho por Freddy Krueger.
Si sos el que ayuda a mudar, bueno, levantarse temprano un fin de semana a levantar objetos pesados (objetos pesados que ni siquiera te pertenecen) no es lo más divertido que hay.

Uno trata de mejorar el tema comprando unas cervezas, revisando las pertenencias del mudado, haciendo chistes con los amigos o parientes sobre que tal o cual no puede levantar algo pesado y tiene la satisfacción de saber que (cuando te toque a vos, estos guachos no van a poder decir que no) estás ayudando a un ser querido a comenzar una nueva vida… pero, en definitiva, una mudanza es un dolor de ingle.

Si lo que acabo de describir no es lo suficientemente malo, el otro día participé de una nueva versión, una mejorada (o sea, empeorada), de una mudanza.
Una mudanza donde quedaban cosas para repartir.

Llegamos con un par de primos a ayudar a un familiar lejano a mudarse a un lugar más chico, y cuando entramos nos encontramos con la destrucción de la familia disfrazada de recompensa: “hay varias cosas que pueden llevarse si quieren, porque no tengo lugar en la nueva casa”.
Dejaba muebles, electrodomésticos, artículos varios… todos inservibles, claro. Pero, para nosotros, era como encontrar un tesoro (oxidado y posiblemente lleno de tétanos).

Fue una guerra fría donde se intercambian cumplidos y se escondían muebles. Donde se menospreciaba un artículo deseado solo para hacer que nadie lo quiera y llevárselo libre de culpa. Cuando en realidad debía menospreciarse porque era una basura. Pero era gratis y alguien más lo quería, así que tenía que tenerlo.

Al final del día era el flamante (“flamante” tal vez no es la mejor palabra en este caso) dueño de un armario lleno de termitas, una cafetera que no anda y una radio vieja (cuando la última vez que escuché radio, Dolina estaba en el Bauen). Pero creo que lo mejor de todo fue el hecho de saber que habíamos ayudado, que pasé un día trabajando duramente… y que mis primos no tenían un armario lleno de termitas, una cafetera que no anda y una radio vieja.

“Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela.”
Pitágoras de Samos

Guybrush

Acerca de Guybrush

Un pibe como cualquiera. Trabaja en un lugar que no sabe si es el suyo, tiene dudas existenciales, algunos amigos y busca a la chica de sus sueños. Un poco torpe, buena gente y siempre con alguna idiotez chistosa para decir. guybrush@losmartesmiento.com

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